Yo, ciudadano

Pao

Gustavo Martínez Castellanos

Presentamos el primer libro de Pao. Es una hermosa compilación con los cuentos que ella creó durante más de ocho meses en los talleres de Literatura que dirijo. Su esfuerzo, su constancia, su entrega al proyecto la señalaron desde el inicio del curso como una mujer dispuesta a crear y a concretar sus proyectos. Y lo ha logrado, después de tanto y de todo.
Confieso que no la conozco. Como a la mayoría de los integrantes de los talleres que dirijo, Pao es una persona a la que quiero mucho pero de cuya vida ignoro casi todo. Con esa confianza que nos da la presencia constante de las personas que te hacen ir diariamente a un lugar para compartirlo contigo en un proyecto común y en cuyo proceso te encuentras de pronto que su ausencia te molesta en un sitio del alma que es imposible definir. Pero que nos da la sensación de que empieza a hacer visible la existencia de una amistad.
Y de la misma forma que muchos de los alumnos (y ahora amigos míos) de estos talleres, de Pao no recuerdo cómo llegó.
Eran días difíciles. El alcalde Félix Salgado Macedonio se la pasaba fastidiándonos, al igual que su vocero, El Sur y los miembros del malogrado Consejo de Cultura que sólo ha servido para entorpecer y corromper. Nos espiaban. Intentaban malograr el trabajo cultural que realizamos. Nos negaban los espacios y la voz en algunos medios.
Así, sin dinero, sin recursos, sin ningún apoyo y con todo en contra, que llegara gente a los talleres no era significativo, sino milagroso. En esa época llegó Pao. Siempre vestida de negro, con un mechón de pelo cayendo sobre su frente, como una Dark extraviada en un sueño Emo. Participando de soslayo, protegida por un par de aguerridas comadres; Isa (¡Azúcar moreno!) y Elo que juntas son Elo – Isa, a quienes no sé si conoció en el taller o ya las había conocido porque salen juntas de la Biblioteca y a veces las he visto caminar juntas, casi apretadas, por las callecitas tortuosas de esta parte de la ciudad, hacia sus barrios, sus casas. Su Acapulco. Gente nuestra. Nosotros.
Con el paso de los días, la presencia de Pao se suavizó. Pudimos ver su sonrisa de hoyuelos cuando se quitó el mechón de pelo negrísimo que ocultaba parte de su rostro y pudimos escuchar su risa, explosiva, alegre, costeña cuando por fin constató que se encontraba entre amigos. Después nos llevó a Lunita, su bebé de menos de un año de edad, blanca como su nombre, tierna como brote de lirio. La quisimos más.
Después, empezó a convertirse en una réplica de las maestras Aída y Teté, porque sin el rigor de la gramática normativista de aquellas pero con la misma gravedad y firmeza empezó a señalar errores y erratas, sintaxis torcidas y semánticas al vuelo. Y finalmente, a calificar perentoria: Esto no es un cuento. No me parece un buen texto. Le falta contenido. Está muy flojo el nudo. Se difumina la sorpresa. O: Me gusta. Es directo. Tiene poesía. Felicidades. Ya me veía pidiendo chamba en otras partes con esta impertérrita Pao calificando con puntualidad todo lo que caía en sus manos… y demostrando que todo lo que había aprendido lo había aprendido muy bien.
Pero su proceso formativo no se detuvo: cuando sus compañeros la eligieron para que fuera la tercera autora a publicar en la Colección: los nuestros, se le descompuso la entereza y empezó a denotar cansancio, duda, falta de carácter. Se le agrió la sonrisa y el mechón oscuro volvió a cubrir su rostro. Su catadura de dark se acentuó y estuvo en poco de cerrarse como una ostra y se ausentó una semana. Yo la imaginaba luchando contra las mariposas negras de su incertidumbre, ensimismada y dubitativa sobre el paso que estaba por dar: publicar un libro. Su primer libro: Viendo pasar el viento.
No le ayudaron ni la publicación de sus cuentos y sus pinturas en la revista CulturAcapulco, ni la sesión de fotografías ni el ánimo que le inyectaban a cada clase sus amigos todos. Era un signo de interrogación coexistiendo entre nosotros.
Nos dio un respiro hasta una semana antes de la presentación en que, nuevamente sonrió y nuevamente tomó a su cargo la taxación de la calidad de los textos de sus compañeros y llevó Xcanda, ese cuento ambicioso en el que había volcado todo lo que había vivido los últimos treinta días: Una mujer de madre mexicana y padre extranjero, amante de Marcos, va a la selva y pide a Tatic le permita morir junto al guerrillero. Tatic le niega el permiso con esta frase: Tengo otros planes para ustedes, pero ella se no obedece y finalmente perece en el ataque del primero de enero del 94. Libre, después de haber evitado ser un signo, asumo que se integra a la selva, a las hablas indígenas y al ideal del movimiento. Libre, relajada; tal vez drenada de sí misma, Pao se presentó el 22 de agosto de 2008 para presentar su libro. Dejó a un lado la playera negra y el pelo en la frente. Llegó plena, segura de sí misma y rodeada por una buena parte de su parentela. Y recibió una sorpresa: en lugar de que yo le presentara el libro, se lo presentaron sus compañeros de taller, los jóvenes escritores acapulqueños: Michelle Ruiz Valdés, autora del libro Se avecina un huracán; la escritora más joven de México (16 años). Carlos Alberto Ricárdez, autor del libro Ladrar encadenado (23 años); y Ari Johnatan González, ensayista y autor de diversos cuentos publicados en CulturAcapulco (19 años).  
Flanqueada por ellos tres Pao respiró a sus anchas, sonrió, comentó algunas cosas y agradeció a Aída Espino, a Themis Mendoza y al que esto escribe por los talleres, el espacio y el conocimiento otorgados en esta etapa de su formación como escritora. Por su dedicación y entrega Pao fue premiada con esta presentación como nunca había habido alguna en Acapulco: jóvenes artistas, intelectuales acapulqueños, surgidos de las fraguas de su propia ciudad que sin leer ni titubear desmenuzaron la obra de una compañera de armas en el mismo sitio en el que todos ellos fueron tocados definitivamente por el rayo divino de la creatividad. Teté Chávez Varela, Premio Nacional de Cuento Sahuayo 2007 y primer y segundo lugares del José Agustín 2008, declaró que estaba feliz de haber sido testigo de ese hecho inédito en Acapulco y en Guerrero: el tercer libro publicado por la Promotoría Aída Espino, de una autora egresada de sus talleres y magistralmente presentado por los escritores también egresados de la misma Promotoría. Trabajo completo, circuito cerrado: “Nuestros jóvenes están tan bien preparados que estoy segura que pronto darán mucho de qué hablar sobre Acapulco y sobre Guerrero. Felicidades”. Después, la autora autografió todos los libros vendidos: 28 en total de cuya venta la Biblioteca Pública Alfonso G. Alarcón se verá beneficiada con el 50 por ciento y con una dotación de ejemplares para su venta ulterior cuyo monto será íntegro para la misma.
De esa forma, Pao arribó a esta etapa de su formación como escritora: rodeada de sus amigos, de su familia, de sus compañeros y de algunos invitados atraídos por la publicidad que hacemos por Internet y que pegamos en las paredes de algunas escuelas debido a que los periódicos locales nos han vetado en sus páginas por órdenes de Félix Salgado.
Después, todos degustamos unos canapés muy mexicanos: chalupitas de rajas y pollo prensado. De postre, flan casero. Felicidades a Pao, Astrid Paola; felicidades a Aída por este nuevo triunfo. Felicidades a Acapulco por esta escritora que, todos estamos seguros, llegará muy alto. Este viernes presentamos Las noches de Räda Lounge de Juan Larrosa (Tierra Adentro) y el sábado 20 realizaremos  la “1ª Feria Artística y Cultural, ¡Que viva la biblioteca!”. Presentaremos un libro de Liz Berea. En la Biblioteca Pública Alfonso G. Alarcón y para su beneficio.

Nos leemos en la crónica gustavomcastellanos @gmail.com

Gaceta de Información de Actividades Culturales de la Ciudad y Puerto de Acapulco
Año 3, N°8 - Agosto- Septiembre del 2008