Yo, ciudadano
No salir de noche
Gustavo Martínez Castellanos
Aunque a la mayoría de los actores políticos y de los empresarios del turismo en Acapulco no les gustó la recomendación del alcalde José Luis Ávila en torno a no salir de noche, después de lo sucedido en los últimos días será necesario que modifiquen su postura y le concedan la razón. No sólo por que la tiene sino porque su visión es inédita.
José Luis Ávila dijo, según lo publicó El Boletín Plus, lo siguiente: “El mensaje es para que todos los acapulqueños sigamos trabajando y a no parar las actividades y no salir de noche, evitar las actividades nocturnas en lo posible, no perdamos de vista (que) lo que hace rica (a) la ciudad es el trabajo, nosotros seguimos trabajando”.
Su particularidad radica en que su visión de nuestra sociedad es global y a que, sobre ella, priva una auténtica valoración de su principal fuente de riqueza: el trabajo. Cualquiera.
Esta postura pone a Ávila inclusive muy por encima de la visión socioeconómica que aparentan el PRD y otros institutos políticos que se dicen de izquierda cuyos alcaldes en Acapulco siempre se preocuparon más por la franja turística del puerto que por la población, los trabajadores y los miles de empleos que existen fuera de esa área económica.
Además, la propuesta de Ávila denota una profunda –y espero que sincera- preocupación por ese conglomerado de cuyas vidas él es el garante ante los órganos de gobierno y su propia conciencia.
José Luis Ávila no es funcionario hecho en este periodo gubernamental, hace trece años fue Secretario de Finanzas del alcalde con licencia Manuel Añorve y anteriormente fue su brazo derecho en la Secretaría de Finanzas del gobierno del Estado en el interinato de Ángel Aguirre. Su postura no es nueva; su aprendizaje tampoco es subrepticio. De alguna manera, aquel contacto con el gobierno de Aguirre posiblemente lo sensibilizó para entender que lo más valioso de un territorio federativo es su gente; pienso en eso porque en Añorve no hemos visto esa sensibilización; en la que, por supuesto, también intervienen sus creencias y la educación paterna; el respeto por la vida y por los valores humanos.
Con ello y ante la ola de violencia que padecen el país y Guerrero, Ávila actúa en consecuencia y, a la vez, se deslinda de un futuro cargo de conciencia: la suya no cargará con decesos que pueden evitarse con un llamado a tiempo a la prudencia.
En este orden de cosas, pienso –tal vez en consonancia con él- que si los mexicanos hubiéramos admitido a tiempo que la guerra que iniciaba el gobierno federal contra la delincuencia organizada iba a ser tan cruel y larga; y nos hubiéramos preparado para evitar exponernos, tal vez se hubieran evitado tantas muertes. Pienso en todos los jóvenes asesinados en fiestas en la franja fronteriza del Norte; en los estudiantes del Tecnológico de Monterrey que fueron alcanzados por fuego cruzado; en todos aquellos ciudadanos inermes que han caído en las discoteques y en otros centros de diversión nocturna y en las familias que de noche han sido confundidas por las fuerzas armadas en caminos entre poblados. Es verdad: resulta imposible detener el dinamismo social y económico de todo un país; pero si algo nos dice la intolerancia con que ciertos grupos tomaron las palabras de José Luis Ávila ese algo es que los líderes de la economía regional piensan más en sus intereses financieros que en la vida de sus conciudadanos. Ávila no se permitió eso al hacer su petición de no salir de noche. Por lo contrario, asumió su papel moral en concordancia con el cargo directriz social que representa y pidió precaución, no la cancelación de la vida nocturna y menos aún el cierre de negocios de ninguna índole.
De la misma forma, creo que si desde el principio de esta asonada nacional hubiéramos protestado por cada ciudadano caído, en lugar de cuestionar su integridad por la forma en que perdió la vida, posiblemente en este momento las autoridades ya habrían avanzado más en la consecución de su objetivo de devolver la legalidad y la tranquilidad a nuestros centros poblacionales. Pero no fue así; dejamos que las cosas crecieran a un grado tal que ahora es necesario tomar medidas drásticas. Y hacer advertencias, como la de Ávila.
Su postura, además, me parece particularmente interesante al contrastarla con la de Zeferino Torreblanca cuando, siendo alcalde de Acapulco, echó a andar un proyecto publicitario basado en el slogan: “Cuidando al turismo te cuidas tu mismo”. Con él, Zeferino dejaba fuera de toda consideración a las actividades económicas y laborales de nuestra ciudad, ajenas al turismo. Lo peor fue que, cuando muchos esperábamos que por haber sido postulado y llevado al poder por un partido de izquierda éste debía abogar por cuidar toda fuente de empleo, el PRD apoyó al primer edil en su afán de privilegiar la actividad económica más elitista por encima de las que alimentan y sostienen al grueso de la población acapulqueña.
Visto así, Ávila parece manejar un discurso más apegado a la izquierda y más humanista que el que maneja la Izquierda local misma. Tal vez por eso los dueños locales del capital replicaron de la forma en que lo hacen siempre: a gritos y exigiendo que no se laceren sus intereses económicos aún cuando la vida de los acapulqueños esté en peligro. Sin embargo, esa réplica, producto de una malformación visual –y una tremenda pérdida de memoria-, no ha redituado a la clase turistera pudiente local los dividendos que esperaban, pues el turismo no regresará al puerto como lo hacía en tiempos de López Mateos en que los empresarios del área obligaron a periodicazos al presidente a dejar vitaliciamente la cartera de Turismo en manos del ex presidente Miguel Alemán.
Hoy, la inseguridad campea en todo el país. Acapulco no es la excepción. En ese sentido, Ávila ha sido más visionario: si los índices de turismo se llegaran a desplomar en Acapulco, aún nos quedan los otros empleos y las otras formas de producción locales: la primitiva maquila con que contamos, el comercio y algunos servicios que pueden mantener el circulante activo a través de ofertar servicios y productos locales a los cientos de de miles de burócratas que cobran cada quincena excelentes sueldos. Nuestro mercado cautivo. Y, de algún modo, nuestra forma de producción local. Ávila sabe todo eso. De hecho, todo alcalde lo sabe, pero se rinden de antemano ante el poder omnímodo de una clase turistera que parece preferir que se sacrifiquen vidas humanas que ver vacíos sus changarros.
La llamada de precaución del alcalde, al abarcar todos los ámbitos económicos también vela por el periodismo: así lo demuestra el hecho de que hace algunas noches un medio de información local sufriera un atentado en sus instalaciones. Por la relatoría que su director hizo de los posibles responsables la Procuraduría local tiene ante sí un trabajo muy difícil. Pero si toma en cuenta que ese medio llegó a Guerrero menospreciando a los demás medios de comunicación, erigiéndose en cada página como la panacea a todos nuestros problemas, apuntalando un proyecto político propio de un grupúsculo social y económico, vejando ciudadanos, distorsionando la verdad y manipulando la información entonces ese trabajo de investigación se antoja imposible. En fin, que el alcalde José Luis Ávila cuando menos ha cumplido con el dictado de su conciencia de advertir a sus gobernados sobre la situación que impera en nuestra ciudad. Cada quien está en libertad de hacerle caso o de ignorarlo. Esto, claro está, exceptuando a la pobre sirena fea que, al fin metáfora de nuestra ciudad, también ha sido víctima de la terrible violencia que azota a Acapulco en estas fechas. Nos leemos en la crónica
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