Yo, ciudadano
Discursos. M. Añorve
Gustavo Martínez Castellanos
Si algo define a Manuel Añorve es la indefinición. No como un error, sino como una virtud suya para alcanzar lo que se propone. Este su rasgo le ha permitido llegar a ser precandidato por su partido a la gubernatura de Guerrero dos veces. Y, si el electorado no repara en que esa indefinición ha sido usada como un proyecto político (y de vida), es posible que logre ser gobernador.
No es difícil percibir esa indefinición. Añorve constantemente se desdice. Se des-arma y vuelve armarse. El dinamismo es su estructura. Él, en sí, es un movimiento telúrico que echa por tierra todo a su paso prometiendo reconstruirlo después. Pero no lo hace. El suyo es el mundo que ensalza lo efímero, ahí es el hombre del momento. Su discurso lo anuncia, lo constata. Pero él lo subsana todo con nuevos discursos. Nunca con hechos.
Su mejor y último discurso ha sido la promesa de un “Acapulco de 10”. La realidad lo contradice: desde el mes de abril, tres de las principales avenidas de la ciudad están en obra negra y, desde el año pasado, en los suburbios, uno de los entronques más importantes. El caos citadino que Acapulco sufre desde entonces es inédito porque nunca en toda nuestra historia habíamos padecido tantas contingencias viales juntas como ahora. Salvo con Paulina. Visto así, con sus proyectos viales Añorve nos ha hecho retroceder trece años.
En el suministro de agua potable el retroceso es mayor: Añorve no realizó ningún cambio a las redes de drenaje y abastecimiento de agua, y tienen medio siglo. En toda la ciudad el agua llega por tandeo: a veces hay, a veces no. En algunas colonias el agua dejó de llegar desde el trienio anterior. Con el de Añorve nunca se restableció el suministro.
En materia de seguridad “La batalla de Caleta”, (doce horas de ganadazos entre narcos), nos remitió a “La batalla de la Garita”: cuatro años y medio de retraso. (¿En qué se ocupará Gobernación Municipal?). Y el puente “Bicentenario” nos conectó al inservible puente de “La vía rápida”, ambos han sido proyectos personales que la ciudadanía no pidió porque no resuelven nada y porque siempre terminan costado más de lo que valen.
En cuanto Añorve pidió permiso para abandonar el cargo, las finanzas municipales registraron un faltante de más de 800 millones de pesos; aún falta saber el monto real de la deuda que dejó; tal vez nunca lo sepamos pues maniobró para que quedara su dos veces secretario de Finanzas, José Luis Ávila, como Alcalde Interino, él le cubrirá las espaldas.
En Turismo los índices también son desalentadores: el 100% de ocupación hotelera, parámetro imposible, con este gobierno es descaradamente manipulado y abultado en los medios para dar al pueblo sólo “buenas” noticias. Campea el desempleo. Y el desengaño.
Un análisis somero de los 17 meses de gobierno de Manuel Añorve en una escala de medición de calidad de vida nos dice que con su gobierno en Acapulco todo fue retroceso. ¿Cómo es que llegamos a estos niveles de involución? No es difícil saberlo si ponemos atención a lo que expresó el ex gobernador Figueroa Alcocer (principal promotor de la candidatura de Añorve) hace un año: “El asesinato político ya no es necesario en Guerrero”.Esta declaración encierra toda una concepción filosófica del gobierno, del mundo y de la vida: la del poder a toda costa. Aún a costa de la vida de los demás. En ella, el diálogo, el disenso, la réplica y el consenso son letra muerta. Es decir, en esa concepción filosófica, el otro es prescindible. Aniquilable. Así el PRI (de viejo y de nuevo cuño) ha regresado al poder. Ayer en andas de pistoleros y matanzas; hoy, en las del dinero y la confusión. Esa indefinición en la que, como dicen una cosa, dicen otra. Y hacen otra más.
Basado en esa declaración histórica, las declaraciones más representativas de Manuel Añorve adquieren una definición cuya claridad causa pasmo:
“Quiero que Acapulco sea un Acapulco de 10” La realidad: Sólo necesitaba el cargo para acceder a la precandidatura a Gobernador: de él extrajo dinero para publicidad y para otros gastos de campaña. Además, para ubicar a sus leales en puestos claves.
“No me interesan los foritos” La realidad: Sí le interesan, siempre y cuando sean para apoyarlo en sus proyectos políticos. Un forito formado por Juárez Cisneros, Vicario, Astudillo y Figueroa fue el que lo impuso como precandidato por el PRI en Guerrero.
“No, a las coaliciones”. La realidad: Sí le gustan las coaliciones. Armó la suya inclusive antes de que Ángel Aguirre decidiera abandonar el PRI y buscar una candidatura con una coalición formada por partidos de izquierda. Esa coalición de Añorve está formada por el grupo de Juárez Cisneros, el de Vicario Castrejón, el de Héctor Astudillo y el de Figueroa Alcocer, el hombre que ya no cree que en Guerrero sea “necesario el asesinato político”. Además de los seguidores de Zeferino y Zeferino; y los seguidores de Ríos Píter y Ríos Píter. Después quiso armar otra con los partidos de izquierda pero como no pudo anda armando coaliciones de todo lo que se le ocurre. Desde transportistas hasta ganaderos.
“Respeto mucho a la izquierda guerrerense”. La realidad: Añove no respeta nada. Y menos a esta fuerza político ideológica a la que el PRI -su partido- reprimió durante décadas. Añorve finge ignorar la cantidad ingente de guerrerenses que abandonaron propiedades, trabajo y familia para empuñar las armas en contra del ejército, que protegía el cacicazgo que ha ejercido durante cien años la gran familia priísta. Pretende olvidar que los gobiernos emanados de su partido erigieron ergástulas en todo Guerrero para quebrantar huesos, familias, conciencias e ideales; la existencia de cementerios clandestinos y de desaparecidos políticos de quienes aún no se sabe si están vivos o muertos. Pretende olvidar Aguas Blancas y que Vicario Castrejón, “el hombre del portafolios de oro”, menospreciaba a las viudas y a los huérfanos de esa matanza intentando acallar con billetes su dolor y sus gritos por justicia. Si Añorve respetara a la izquierda guerrerense no fuera candidato de esa fuerza represora, retrógrada e intolerante que la generó en una dialéctica que el mismo Añorve hoy quiere usar para confundir al electorado. El suyo no es respeto.
“Dios está conmigo”. La realidad: Cuando fue alcalde de Acapulco era protestante; ahora quiere gobernar con criterios católicos. Después qué será, ¿judío, muslim, budista?
El lacerante “Acapulco de 10” que Añorve nos dejó, es un ejemplo del Guerrero que nos dejaría si llegara a ser gobernador. Es la realidad contundente que oculta su discurso ahíto de impostada indefinición, caos y macabro sarcasmo. Es el mismo discurso de un partido que finge adaptarse a la modernidad pero que la niega en los hechos. Ayer sube los impuestos, y hoy, cuando le conviene, exige que éstos bajen. ¿Qué sigue?
Hace diez años, cuando fue alcalde, Añorve erigió una oficina de espionaje con la que vigilaba a sus enemigos políticos, aquellos que podrían echar por tierra su anhelo de ser gobernador. De nada le sirvió: desde su propio partido, y comandado por quien ahora lo promueve, surgió, creció y se materializó la amenaza que impediría su sueño. Hoy, él está de ese mismo lado ¿Quién puede garantizar a los guerrerenses que, en efecto, para los priístas “el asesinato político ya no es necesario”? Alguien debe advertir a Añorve que puede ser presa de su propio discurso y que por no poseer una identidad definida puede llegar a cometer errores que nunca terminará de lamentar. ¿Querrá escuchar?
Manuel debe definirse. Una forma de hacerlo sería regresando a Papagayo y trabajar hasta el último día de su mandato por entregarnos su “Acapulco de 10” prometido. Sólo así podríamos creerle lo demás.
Nos leemos en la crónica.
gustavomcastellanos@gmail.com