Yo, ciudadano

De puentes y camellones (¿y el agua?)

Gustavo Martínez Castellanos

Ya es miércoles y en Acapulco terminamos otra semana sin agua desde el supuesto descubrimiento de sabotaje a las vías de abastecimiento. El problema del agua en nuestra ciudad se agudiza porque por una parte parece ser que en realidad las cosas no le están funcionando al gobierno priísta de la ciudad y, por otra parte, parece ser que nos niega el servicio de agua en castigo a ese rechazo nuestro a su candidato a gobernador.
El agua, como servicio, es estratégica. Ellos lo saben. Por ello, en lugar de solucionar el problema del desabasto, en los 17 meses que fue alcalde Manuel Añorve prefirió utilizar los recursos del ramo 33 para hacer obras de relumbrón: su puente Bicentenario, el reencarpetamiento de Ruiz Cortines y todos los camellones que ha levantado.
Para reforzar la idea de que con esas obras Acapulco se ha ganado un “Diez”, una compañía llamada “Ingenieros Civiles de Acapulco” llama por teléfono a los ciudadanos para aplicarles una encuesta amañadísima con preguntas de este tenor: ¿Sabía usted que el puente Bicentenario beneficia la atracción de turismo porque facilita el ingreso de los autobuses de la compañía de transporte Estrella de Oro a su terminal?
El binomio Turismo–Obra Pública funciona nuevamente para que la administración pública haga de las suyas. Bajo la exacerbada premisa de que al beneficiar al Turismo, como actividad económica regional preponderante, se beneficia a una ciudad se hace a un lado de forma sistemática la satisfacción que todo gobierno debe a los otros sectores de la misma y a sus otras actividades económicas. Así la visión de este gobierno priísta sigue siendo elitista, tendenciosa. Injusta. No sólo porque beneficie a una compañía de transportes de las tantas que hay en la ciudad, sino porque es ha sido siempre su esquema.
Acapulco no se beneficia con un puente. Su turismo, menos. Acapulco se beneficiaría si en lugar de embellecer las vías construidas se ordenara el transporte público y se buscara eficientar su vialidad. Si se lograra que camiones urbanos –y foráneos-, taxis, colectivos y automotores  particulares respetaran el reglamento de tránsito; vecinos, empresarios locales y turistas nos veríamos beneficiados. Pero para que ese objetivo pueda conseguirse se requiere, en primer lugar, que el gobierno municipal aplique sin distingos el reglamento. Y que cese la tremenda corrupción que corroe a este gobierno. Todos sabemos que los agentes de tránsito pasan el día “cazando” automovilistas para extorsionarlos en su tarea de juntar la “cuota” que entre todos deben de reunir para que llegue hasta el extremo de su línea de mando: el alcalde.
Para ello por cada “vuelta” cobran a cada camión urbano una suma convencional. A cambio de ello, en Acapulco, los camiones urbanos pueden circular sin placas, sin número económico, a alta velocidad, jugando carreras para ganar pasaje, con chalanes y música a altísimo volumen, haciendo tiempo para esperar pasaje, obstruyendo el flujo y atropellando todo a su paso sin que nadie pueda aplicarles la ley. La cantidad de ciudadanos muertos por estas unidades es celosamente guardada por la misma corporación: mientras los choferes paguen esa cuota no serán molestado por sus delitos.
De esta forma también circulan muchos taxis y “colectivos” que tampoco respetan el reglamento vigente porque sus dueños, al igual que los dueños de camiones urbanos, son, o políticos encumbrados o funcionarios de casi todas las administraciones. O familiares de esos políticos y funcionarios. O todo eso a la vez.
Por ello, no es gratuito que en las últimas dos administraciones varios camiones hayan sido quemados por gente usuarios enardecidos después de ver que los agentes de tránsito ayudaban a los choferes responsables a huir.
Cuando Zeferino Torreblanca inauguró el reencarpetamiento de un tramo de la avenida Ruiz Cortines, la gente no fue al evento, realizado en la entrada del IMSS. Los vecinos y locatarios habían pedido al alcalde que no le pusiera camellón. Él no hizo caso. Ante los intentos por demolerlo el edil declaró: “Hagan lo que quieran”. Total, él ya había pavimentado ese tramo en beneficio de los dueños de las franquicias de Kentucky Fried Chicken, Domino’s Pizza y Mc Donalds (mucha gente creyó que lo había hecho por los vecinos). El camellón fue reparado. Hoy, por culpa de ese camellón, desde la entrada de la Secundaria Técnica No. 1 hasta el Hospital Militar, cualquier vehículo se hace media hora. Y no son ni 500 metros. El camellón impide que los automóviles rebasen, así, cualquier camión urbano que se detenga a esperar pasaje detiene todo el fluido vehicular. Encima de eso, una flotilla de taxis ha tomado la salida del IMSS como su base y nadie se atreve a moverla. En cambio, entre Baja California y esa base se apostan dos agentes de tránsito que detienen a todo conductor para extorsionarlo, mientras taxis y urbanos obstaculizan a sus anchas el paso a los demás vehículos. Este gobierno priísta ha prolongado el camellón hasta Niños Héroes. ¿Qué haremos cuando se reinauguren Cancerología y el ISSSTE?
Este gobierno ha decidido dar al conductor local una geografía urbana de contadero de ganado para “conducirlo” en su periplo por la ciudad. Pero no ha sometido –ni someterá- a sus agentes de tránsito, ni la tremenda corrupción que corroe a esa dependencia. Así, toda obra pública de este gobierno priísta, es de relumbrón y paliativa: cada una le sirve para hacerse propaganda y manejar grandes cantidades de dinero.
Esa estructura administrativa, tanto de los recursos públicos como de la visión de nuestra ciudad, jamás resolverá los problemas que nos aquejan. Su postura es clientelar. Su perspectiva es presidencialista. Dictatorial (el Doctor M. Añorve no asiste a “foritos”) y elitista porque observa desde un solo ángulo la vida económica y urbana de la ciudad: a beneficio del turismo, por decreto presidencial y a beneficio de la imagen del partido del alcalde. Y por supuesto, a beneficio de quienes sin competir  “ganaron” la licitación de la obra, aprobada en una rarísima y oculta sesión de cabildo.
Por ello, la encuesta de “Ingenieros Civiles de Acapulco” (ICA) cierra (o al menos lo intenta) este ciclo, en el que -al igual que con el reencarpetamiento de la Ruiz Cortines por Zeferino- todo  mundo quedó a disgusto por el caos que hoy priva en la zona.
Fueron ciento cuarenta millones de pesos para que los camiones de la Estrella de Oro llegaran más rápido a su terminal. Sin embargo, los embotellamientos que se hacen debajo del puente, sus errores estructurales y el drástico cambio de nuestra fisonomía, no fueron tomados en cuenta por nadie. ¿Cómo se comportará ese puente en temporada de lluvias? Sus pilotes obstruyen el desagüe pluvial de la cuenca de la Barranca de la Laja.
Una modesta cantidad de camiones y autobuses transitará cómodamente en él (nunca los peatones ni los pobretones que no tenemos auto), pero nada más. Mientras tanto, llevamos una semana más sin agua, después de meses de interrupción en el servicio. ¿Cuándo dejará este gobierno de castigarnos por no aceptar a su candidato a gobernador? ¿Cuando satisfará nuestras verdaderas demandas y necesidades en lugar de gastar nuestros recursos en su imagen y a su beneficio? Sólo en el PRI, que “sí sabe gobernar” lo saben.
Saludos a El Sol de Chilpancingo. Ojo: a ustedes también los han bloqueado en la web. Aviso a mis lectores: No tengo blog ni cuenta en ninguna red social; que no los sorprendan. Gracias. Nos leemos en la crónica gustavomcastellanos@gmail.com

Gaceta de información de actividades culturales de la ciudad y puerto de Acapulco
Director: Gustavo Martínez Castellanos
Año 6 ,  7 de Enero de 2011