cabezayo

 

092207 Yo, Ciudadano

“Guillermo León”

Gustavo Martínez Castellanos


“No. ‘Aquí’. ¿Qué hace usted aquí, en esta ciudad?”
El Parking Place del deseo

Estuvo en Acapulco el dramaturgo Guillermo León invitado por la Promotoría Cultural Aída Espino, para presentar el libro Teatro de la Gruta VII.
La presentación versó sobre su obra El Parking Place del Deseo, ganadora del Premio Nacional de Dramaturgia Joven, Gerardo Mancebo del Castillo, pero tuvimos oportunidad de charlar de muchas cosas los dos días en los que transitó por Acapulco.
Inicios
Guillermo León estudió en el Colegio de Ciencias y Humanidades plantel Azcapotzalco, que en mis tiempos, como una aspiración a cierto status, era “CCH Azcapolanco” y en los suyos, como resabio de cierta moda identitaria, era “Azcapoloco”. En el pequeño espacio junto al gimnasio en el que años atrás para realizar actividades artísticas fundamos el TEA, (“Taller de Expresión Artística” y no “Todos Estamos Atizando” como pregonaban algunos), nueve años después, la generación de Guillermo fundó un espacio eminentemente teatral en donde él hizo sus pininos. De ahí saltó a estudiar Actuación en la Escuela Nacional de Arte Teatral del Centro Nacional de la Artes.
PROTESTAS
En el muelle del Chinchorro Guillermo confesó que no soportaba esa moda estridente de escuchar  reggeatón en el interior del “metro”, ni la prohibición de fumar en lugares públicos. “Esas medidas no solucionan los problemas más graves del país. Ni del mundo”. La segregación del individuo y tantas amenazas de guerras, lo ha hecho concebir que una fuerza desproporcionada e irresponsable controla al planeta. “No poder decidir sobre el aire que entra en mis pulmones, ni los lugares donde deseo fumar ya no es sólo un agravio sino una maldición”.
Vive la France!
Guillermo León ha viajado mucho. Principalmente por Europa. Empero en las tres charlas que tuvimos: antes y después de la presentación del libro y al día siguiente después del taller de dramaturgia que impartió para una veintena de acapulqueños, jamás mencionó haber viajado a Estados Unidos o a Canadá, tal vez en un afán de reafirmar sus gustos o sus disgustos; y dejó claramente establecida su pasión por el viejo mundo cuando comentó que su esposa es francesa. Él mismo tiene algo de galo, pues aparte de soltar galicismos a la menor provocación ha viajado mucho por Francia, país del que cuenta sabrosas anécdotas y sucesos importantes de su formación como dramaturgo. Sin embargo, si las nostalgias lo nacionalizan las ausencias u olvidos lo destierran: durante toda su estancia jamás mencionó haber viajado por Latinoamérica o por México. Su ruta es Europa.
Acapulco
Comentó que era la sexta vez que estaba en Acapulco. Las cuatro anteriores había venido por motivos diversos, pero la quinta fue por trabajo: en noviembre del 2007 vino como escenógrafo de uno de los ballets “orientales” que participaron en ese bodrio que fue la Feria de la Nao y comentó cosas que podemos resumir como la total ausencia de seriedad de los organizadores pues no les cumplieron puntos importantes del contrato. Le informé que esa Feria fue una idea perversa del matrimonio de seudopoetas Citlali Guerrero y Jeremías Marquines para lavar la imagen de Félix Salgado y salvar el pellejo de Fabiola Vega que hasta ese momento no sabía como justificar 16 millones de pesos robados del presupuesto de Cultura de nuestra ciudad. Guillermo escuchó todo eso mientras miraba al vacío. Después nos comentó algunos detalles de su infortunada presentación en la Nao y finalizó diciendo: “Félix se me hace un personaje muy curioso”.
El arduo trabajo de ser la estrella
En esta ocasión, todo estaba bajo control. Aída había hecho una reservación para él y su esposa, desafortunadamente en el D. F. le dijeron a él que los gastos cubrirían sólo su estancia. En su presencia, en el hotel “Tortuga”, Aída canceló la mitad de la reservación. Yo los alcancé en el Opera Vatel. Conversamos hasta que tuvimos que marcharnos a la Biblioteca y allá, mientras la proverbial puntualidad acapulqueña ejercía, continuamos conversando hasta que consideramos que no iba a llegar nadie más. Pero llegó Vanesa, linda reportera, y ambos accedimos a que lo entrevistara antes de iniciar la presentación.
Palindroma
Después de la presentación echamos a andar por el malecón. Entre turistas y pescadores llegamos a la Rotonda de Acapulqueños Ilustres. Desde ahí admiramos una fragata española anclada en el muelle. Recalamos en el 100 % en donde cenamos y platicamos a gusto: él fumando a sus anchas y nosotros viendo cómo disfrutaba su estancia. Ahí dijo que nada era tan odioso como ese palindroma de nuestros tiempos: “hoy-yo”, recordando La Voz oval de Brie que presenté hace unos meses en Acapulco y celebramos su agudeza. Ahí supo que yo había protestado contra la Fiesta de La Nao. “Así que tú eres el famosísimo”, dijo con entusiasmo. “En el D. F. te quieren conocer”. Nos fuimos a la hora de cerrar. Antes de partir se asomó a la punta del muelle en donde, cuando éramos niños, mis primos y yo nos arrojábamos clavados al mar: “Se ve negro”, comentó. “Sí, dije: ahora es propiedad privada”. Después lo dejamos en la puerta de su hotel.
El sábado
Al día siguiente fui a su taller de dramaturgia. La sala estaba llena de niños y jóvenes y él contento como un clown en medio de una fiesta: su fiesta. Con ése ánimo les contó la historia del teatro occidental desde los poemas homéricos que parieron a la mayoría de los personajes del drama posterior hasta Ibsen pasando por Calderón, Shakespeare y Moliere. Después hicimos ejercicios de dramaturgia. En el break lo llevé al Fuerte de San Diego; en la plaza de armas alzó la voz para calar su acústica: “No hay problema”, dijo.
El final
Guillermo León es un creador que disfruta ser dramaturgo como pocos. El relato de sus obras hace que se antoje leerlas sólo para gozar la empatía de ser él por un momento. Algunas se disfrutan desde sus títulos que son tan largos que debían estar divididos en actos. Dos de ellas son: Cantar de gesta de los de la goliardía o la cofradía de los mendicantes, que es un recorrido por la literatura española desde El Lazarillo hasta García Lorca, (divertimento con mucha música gitana), y La tristísima historia de la gentil Frinela y el audaz Fantonte en la ínsula deshabitada del gigante Limpadamus.
Guillermo León pasó por Acapulco como un suspiro (le urgía regresar al D. F.) pero nos dejó la certeza de que los artistas de gran valor y en ciernes pueden enriquecer nuestra cultura si los invitamos con cariño y los atendemos con respeto y amistad. Las obritas que surgieron del taller de dramaturgia que impartió el sábado en nuestro puerto aparecerán en www.culturacapulco.com así como una copia de la presentación y las fotos de todos los eventos. Hicimos nuestra tarea, Guillermo. Gracias.  Para quienes me leen en el  D. F.,  este 12 de mayo en el Centro Cultural Helénico (otro CCH) estrena El Parking Place del Deseo. Felicidades, Guillermo. Nos leemos en la crónica. gustavomcastellanos@gmail.com