|
||
071207 Yo ciudadano Teté: “Cultura todo el año” Gustavo Martínez Castellanos |
||
Es de Teté Chávez Varela la frase “Cultura todo el año, no sólo por quince días” que enarbolamos el tres de noviembre contra la perpetración del Festival de la Nao en Acapulco durante su inauguración.
Esa frase encierra toda la inconformidad popular acumulada en muchisímos años contra políticas culturales de gobiernos que han utilizando a su antojo los recursos culturales para hacerse publicidad, tapar sus trapisondas y para intentar lavar su imagen.
En el caso de este gobierno, en las sucias manos de Félix Salgado Macedonio, los recursos públicos destinados a promover la cultura en Acapulco y de Acapulco, son usados también para promover la imagen política de los siguientes personajes: Fabiola Vega, Citlali Guerrero, - su esposo Jeremías Marquines-, Malena Steiner, el esquirol José Castañeda Dimayuga y hasta la del tabloide local El Sur, que ha recibido millonarias cantidades por intentar limpiar la imagen de Félix. Y recibirá más. En vano.
Cuando Teté supo que el Festival de la Nao se realizaría y que en esa realización Félix Salgado intentaría lavar quince millones de pesos que desapareció de los presupuestos de dos años, emitió esa frase lapidaria por cierta. La esgrimimos aquel día ante el gobernador, ante los embajadores y ante Sergio Vela, representante del gobierno de Calderón y ante Félix quien quería quedar bien con todos los demás. Y la seguiremos esgrimiendo cada día mientras Félix no reinstale a Aída Espino y libere esos recursos que son de la ciudad. Cultura todo el año. No sólo cuando el sátrapa en turno lo decida. Y menos aún como él lo decida. No hay arte y cultura a modo. No hay marcha atrás.
Sin embargo, la frase de Teté no surgió de su desacuerdo en ese momento, surgió desde sus días de maestra cuando constató que para sacar adelante a este pueblo había que trabajar mucho con su niñez y con su juventud; su formación magisterial y tantos años de ejercicio la han convencido de que sólo el conocimiento libera y redime.
Por ello, Teté se ha dedicado a ensanchar su creatividad. A la fecha, después de mucho esfuerzo, se puede decir que, aparte de una excelente profesora, es una pintora consumada, una de las mejores poetisas de Guerrero y una narradora de altos vuelos.
Como pintora, Teté ha dejado su huella en muchísimos lienzos que han viajado –casi todos- al extranjero (su mejor, casi su único mercado), y en las paredes de las salas inferiores de la Biblioteca Pública Alfonso G. Alarcón, porque, desafortunadamente, Hugo Zúñiga (enfant terrible del priísmo recalcitrante) mantiene secuestrada la pared oeste de la sala principal de lecturas con un mural inacabable que lleva una década en bosquejo ¿Cuándo lo soltará? Cuando los políticos quieran. De entrada, Félix ya le hizo sendos homenajes… para legitimarse también a través de Zúñiga.
En las salas inferiores, Teté había pintado una Evolución. Desde los coacervados hasta las grandes civilizaciones. Desafortunadamente, hace un año cuando se remodeló la Biblioteca, esos murales fueron tapiados. Afortunadamente, Teté no es mujer que se deje arredrar y, con el mismo entusiasmo, volvió a pintarlos en los espacios que le permitieron usar; y, en los frisos, montó un espectáculo fijo que con un ingenioso juego de luces se vuelve dinámico. Así, los niños pueden ver emperadores, mercados y vida cotidiana de las más importantes civilizaciones de mesoamérica en movimiento.
Después de la ilegal desfenestración de Aída Espino de la Dirección de Cultura de Acapulco, Teté y un puñado de artistas plásticos exponen cada sábado en el kiosco del zócalo porteño. Hasta allá van sus alumnos y sus amigos a admirar sus cuadros antes de que sean enviados a alguna ciudad de los Estados Unidos.
Los dos sábados anteriores Teté expuso una “Invención Varia”, digesto de su autoría que aún se encuentra en tierra mexicana.
¿Por qué una artista como Teté tiene que exponer en un kiosco? La respuesta es sencilla: porque el gobierno de Félix Salgado no ha dado rehabilitación a la Casona, que se encuentra secuestrada por Dimayuga y Fabiola Vega; porque el único espacio que podría haber sido habilitado para uso de los artistas locales Félix lo ha regalado al INAH a cambio de la construcción de un dudoso centro de la artes que también administrará el INAH pero cuyo gasto recaerá en el erario local para desviar recursos. Pero sobre todo porque el gobierno de Salgado Macedonio tiene una idea muy particular de hacer arte y cultura: si no es para desviar recursos o para lavar su imagen no es rentable, por ello, nombró director a Dimayuga, quien en el trienio de López Rosas desapareció dos millones de pesos en ocho meses sin dejar huella.
Pero no sólo esos agravios de este gobierno pesan sobre Teté; en marzo del 2006 y en coordinación con la Secretaria de Desarrollo Social Estatal, Gloria Sierra, y virtual candidata a la alcaldía de Acapulco, Teté regaló al pueblo de Acapulco un dístico de su autoría titulado La madre tierra en el que podía verse a la tierra preñada, viva y floreciente en un cuadro y, después, desahuciada y corrompida por la acción del hombre y sus ciudades, en el otro. Este díptico fue colocado en el lobby de la presidencia municipal, en Papagayo. Hace tres meses, alguien los descolgó de sus lugares “para pintar la pared” y hoy ambas piezas se están “desparecidas”. Es decir, se las robaron.
Aún cuando todas esas cosas han lastimado el corazón de Teté, ella continúa pintando y escribiendo, ora poemas, ora cuentos, ora una memoralia de la batalla que ella, su hermana “Came" (Carmelita Chávez Varela) y un puñado de acapulqueños dieron entre 1991 y 1992 para que el gobierno de Ruiz Massieu no privatizara el Parque Papagayo. Aquella guerra fue ardua, Came se puso en huelga de hambre y estuvo en poco de perder la vida, pero al final ganaron: el parque Papagayo no fue vendido a un particular y continúa siendo propiedad de los acapulqueños. Gracias a ellos.
Tal vez por tanto pelear por Acapulco la poesía de Teté sea lúdica, paisajista y épica: “evitemos que el amor por los hombres que lucharon por México se pierda en los niños”, dijo y elaboró una plaquette que le presenté hace un año en la biblioteca.
A los niños también ha dedicado su proyecto “Cuentos infantiles, textos e imágenes para la imaginación” que esperamos el FOECA le apruebe este fin de año.
Porque aparte de poeta, Teté también es narradora. Su operística es plástica, casi táctil, poblada de los seres fantásticos que aún trajinan en las leyendas que arrullaron su infancia; de ellas y con el sugerente título de El Diablo, Teté Chávez Varela recibirá este viernes en Sahuayo, Michoacán, el “Premio Nacional de Cuento Sahuayo 2007”, para beneplácito de todos sus amigos y alumnos y para orgullo de Acapulco y del taller de Narrativa de la Biblioteca Alfonso G. Alarcón y de los esfuerzos de Aída Espino.
“Cultura todo el año, no sólo quince días”, estableció Teté. Y hoy es galardonada. Mientras los gobiernos corruptos como el Félix Salgado Macedonio se roban el dinero para la cultura de nuestra ciudad, una valiosísima mujer de sesenta años, Teté Chávez Varela, trae dinero y premios a Acapulco y le da lustre, y un ejemplo de limpieza, honestidad y dignidad sin límites.
Sobre todo, a esos “creadores” que sólo están puestos para asaltar los presupuestos gubernamentales y alabar a los tiranos en turno para justificar sus latrocinios y ensalzar su nombre… con ferias como la de la Nao.
Felicidades, Teté. Todos los compañeros del taller de Narrativa te abrazamos. Este premio es el preámbulo de muchas victorias más en el arte. A pesar de todo.
Nos leemos en la crónica. gustavomcastellanos@gmail.com
Este miércoles a las cinco, charla con Eduardo Álvarez en TVAcapulco.com. |
||