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Yo ciudadano Cultura y Tragicomedia en Acapulco V y último Gustavo Martínez Castellanos La Cultura vista desde el gobierno municipal en Acapulco es parametral.
Muchas personas me han enviado correos diciéndome que es absurda esta lucha ya de dos años para evitar que Félix, Fabiola, Citlali y su esposo el “poeta” Jeremías Marquines se roben el dinero del área. Que quien pelea contra el gobierno y sus aliados siempre pierde. Que sólo el PRD arrebata. Olvidan que la cultura de cada sociedad es distinta y no finita.
Además, que el dinero robado -en este caso en el municipio de Acapulco- no sólo es de los contribuyentes acapulqueños, sino también de recursos de los estados ricos que son obligados a hacer aportaciones a los más atrasados. Guerrero entre ellos. Si quienes denunciamos perdemos, también esos estados pierden. El pacto federativo es una cosa en realidad interesante. Seguirán perdiendo allá mientras aquí nos salgamos de nuestro rezago
El aspecto parametral apunta también hacia otros lados. El Cabildo aprobó para la Dirección de Cultura 6 millones de pesos de los 1,500 millones del gasto corriente y de los 1,400 millones de pesos de recaudación que Félix dice que extrae de los contribuyentes cautivos. Esa cantidad es el .004% del dinero que se maneja en el municipio. Una pizca, en efecto. Pero, si hasta ese porcentaje que está a la vista se roban impunemente ¿cuánto no se roban de otros rubros en los que el manejo del dinero es menos visible? Los recursos de Hábitat, por ejemplo, nunca llegan a su destino que es propiciar proyectos que desempeoren las condiciones de miseria en que viven miles de acapulqueños marginados. Fabiola los usa para concursos de porras y de baile donde Félix llegue a tomarse la foto.
Lo parametral abarca también los comportamientos humanos y de grupos: la cobardía, complicidad y cinismo de los “creadores” locales es proporcional al grado de corrupción en que se encuentran o al que piensan ingresar: Nada contra nuestro amigo el gobierno, ése enorme arcón de dinero al que podemos acceder si renunciamos a nuestra libertad, nuestra dignidad y nuestra intelectualidad. ¿Ser contestatario? ¡Ni pensarlo! Eso es para artistas revolucionarios. Pobres. O apaleados. Dios nos libre. A portarse bien.
El caso de los órganos de fiscalización y procuración de justicia es de antología: con el caso de los quince millones de pesos que robaron Félix, Fabiola, Citlali, Marquines, Dimayuga, el Consejo Consultivo de Cultura (Blanquita, incluida); la Auditoría, la Fiscalía y el Congreso estatales, los partidos políticos y sus diputados han hecho mutis. Ante el reclamo que hemos hecho llegar a sus correos y sus oficinas han cerrado el círculo de corrupción propio de una sociedad inmersa en la podredumbre. Fascista y decadente. ¿Dónde están Fermín y Solorio? ¿Dónde, Almonte y los Sandoval? ¿Dónde, la izquierda?
Mención especial merecen los medios de comunicación que no sólo han intentado acallar nuestra denuncia sino que han trabajado para Félix y han intentado establecer que los denunciantes no existimos. Pero cuando despertaron aún seguíamos aquí.
En ese apartado el tabloide El Sur ha desempeñado magistralmente su papel de esquirol: por todos los medios ha tratado de desprestigiar a quienes sólo deseamos que se haga justicia. Además de torcer la verdad e intentar ocultarla El Sur ha pregonado su misoginia. En sus páginas golpea sólo a mujeres: Laura Lópezvictoria, Nora Bárcenas, Nelly Bello, Gloria Sierra, Aída Espino y ahora Blanquita a quien intenta aplastar con su silencio. Empero, su misoginia es selectiva: si hay dinero se la aguanta y apapacha y protege. Ahí están los casos de Fabiola Vega y de Citlali Guerrero, a ésta continúa promocionándola como Directora de Cultura cuando la titular es Blanquita. Cobarde El Sur no se ha atrevido a contestar uno sólo de los señalamientos vertidos en este espacio. En El Sur creen que la Historia les obedece. Nunca se les ha ocurrido pensar que no son invulnerables. Que se los diga Alberto Torreblanca, hermano del gobernador.
El nombre de esta secuencia es un pequeñísimo homenaje a José Agustín. Tomó parte del nombre de su trilogía Tragicomedia Mexicana, puntual y sabroso relato de la historia reciente de nuestro país. Desafortunadamente para los acapulqueños, la Cultura en su ciudad se carga más hacia la tragedia que hacia la comedia. Como en las obras de Eurípides y Esquilo, en materia de Cultura en Acapulco todos perdemos. La ciudad, los creadores, los promotores, los medios y los gobiernos que terminan desacreditados hasta el pescuezo pues mientras unos roban otros los encubren. Y cuando todo se sabe culpan a quien se deje mientras vuelve a girar la rueda del infortunio. Así, no hay país que avance. Y nadie puede ser tan imbécil como para reírse de eso. Aunque puedo equivocarme.
A todos aquellos buenos lectores que intentaron disuadirme de continuar denunciando debo aclararles que las denuncias no sólo sirven para exigir justicia sino para que el denunciante declare al mundo “Yo no tuve nada que ver en ese delito, trabajé para esa administración, nunca me pagaron, pero soy ciudadano limpio y honesto. Y quien se atreva a decir lo contrario que se atenga a las consecuencias”.
Esta denuncia salió a la luz gracias a El Sur que durante el trienio de López Rosas, inmoló a Aída Espino acusándola de haber hecho uso indebido de los recursos públicos que el mismo López Rosas, Rossana Mora y José Dimayuga habían malversado. Con Félix, Juanito Angulo intentó repetir la faena: dejar que Félix robara el dinero, tomar su parte y después culpar nuevamente a Aída. En sus cálculos nunca contempló que esta vez Aída no estaría sola. Y ahora, cuando menos un puñado de ciudadanos, funcionarios, instituciones y políticos saben que Aída es una mujer limpia y que Félix, El Sur y el PRD en Guerrero apestan. Y he ahí otro parámetro. Denunciar sí funciona.
Sin embargo también es necesario dejar establecido que lejos de la cloaca de corrupción en que bogan alegremente nuestros infames gobiernos la Cultura en Acapulco se mueve de manera distinta. Es objeto de estudio cuya profundidad y complejidad es muy difícil entender. De entrada, muy difícil de aprehender. Sin embargo, para quienes nacimos aquí, para quienes amamos a esta ciudad. Para quienes ella ha resultado ser un motivo de preocupación constante y aleccionador la Cultura en Acapulco en su análisis y en su descripción resulta un ejercicio de un valor inestimable. A él le he dedicado una buena parte de lo que soy y, después del patético episodio que ha significado para nuestra ciudad el gobierno de Félix, regreso a su estudio con mayor brío y con más ricas ideas.
Sobre eso y otros temas versarán mis próximos envíos. Espero continuar contando con la aceptación de todos aquellos que ya llevan un año y medio leyéndome por esta vía alentándome e indignándose por las brutalidades cometidas por Félix, Fabiola, Citali y su consorte. He recibido cartas de todo el continente y en más de tres idiomas. Cuando los periódicos locales me vetaron me regalaron todo eso. Gracias a esos lectores y gracias a esos medios. Me han hecho más fuerte y más libre. Nunca terminaré de pagarles eso. FIN.
Mientras redondeaba este análisis llegó a la bandeja de mi correo una copia de la última hazaña de Citlali, Jeremías y El Sur: amenazan traer a Acapulco 22 escritores. Con cargo al erario. Dicho “avance” cultural es otro momento dorado de la administración de Salgado Macedonio en el que esos literatos posarán con él para la foto ignorando que el alcalde se precia de no haber leído en su vida un solo libro. Como con lo de La Nao los usará para desaparecer recursos y darle al pueblo acapulqueño pan y circo por unos cuantos días mientras el resto del año lo mantiene ayunos de capacitación y de satisfactores culturales. Nos leemos en la crónica. gustavomcastellanos@gmail.com.
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