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012308 Yo, ciudadano Cultura y tragicomedia en Acapulco II Gustavo Martínez Castellanos Aún hay más Como en otros estados del país, 2008 es año electoral en Guerrero. Por primera vez los ciudadanos vamos a elegir a un candidato de los que, según la reforma electoral, nos permitan los IEE. Y también, por primera vez veremos cómo los partidos grandes dilapidan el dinero ahorrado de los contribuyentes durante dos años, en las precampañas, las campañas y después en las luchas por las diputaciones y las alcaldías “legítimas”. Félix Salgado Macedonio inauguró ese calendario. No lo justifico, sólo lo documento. Aún no se acomodaba en Papagayo cuando ya tenía que aportar dinero para la campaña del Peje. Aún no acababa de acomodarse cuando tuvo que aportar dinero para sostener la toma de Reforma y del Zócalo capitalinos; con dinero del erario de Acapulco, no de sus bolsillos. Ese 2006 nos repitió hasta el cansancio: “No hay dinero” aún cuando el presupuesto de egresos aprobado era mayor al del 2005. Este del 2008 es igual al del 2007: no crecimos. Ni creceremos, cada tres años habrá elecciones. El “año de Hidalgo” será el de en medio. En materia cultural durante 2006 y 2007 Félix no le liberó un solo peso de promoción cultural a la directora de Cultura Aída Espino porque quería aniquilarla económica y políticamente ¿Autorizará este año ese gasto a la nueva directora? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que Félix usó parte de los 15 millones de pesos aprobados esos dos años en el crecimiento del PRD. Comunista a su manera Félix da la vida (y nuestro dinero) por su partido. Siempre y cuando respete sus canonjías, haga diputada a su hija Evelyn y le cubra las espaldas cuando se vaya, a la hora de los reclamos populares. Y las demandas judiciales. Por ello, no es de extrañarnos que la primera persona en quien pensara para sustituir a Dimayuga fuera la dentista Blanca Estela Rafaela Reina Aguirre quien, si se llamara menos largo, tal vez hasta podría escuchar otra opinión. Pero se llama así debido a que nació en la Costa Chica de Guerrero (una de las regiones más atrasadas del país) y cada uno de sus nombres invoca a algún pariente o antepasado que fue importante allá en su comarca. Mujer de tradiciones y costumbres yuxtapuestas, es un muestrario del México que aún se esconde tras nuestras selvas. Hacedora de versos al más pueril estilo romántico, los declama con salero gitano a la más nimia provocación. Si encuentra a tres personas reunidas, seguro les empuja un poema. Blanca Estela Rafaela Reina Aguirre -Blanquita, para abreviar-, se dice familiar del ex gobernador interino Ángel Heladio Aguirre Rivero, ganadero miembro de una casta de costachiquenses cuya prosapia alcanza coroneles de las guerras de Reforma y tenientes que pelearon contra los Mayos. Ángel Aguirre vivió su momento histórico al sustituir -a su pesar- a Rubén Figueroa Alcocer defenestrado por el caso Aguas Blancas. Hoy, es senador. Ese viernes 04 mientras Dimayuga buscaba desesperado que el alcalde lo escuchara, Ángel Aguirre declaraba en Acapulco que él es un buen amigo de Félix. Para el lunes 07, ante la insistencia de Dimayuga por entregar su renuncia, Félix pensó en la pariente de Ángel Aguirre quien ya había dirigido la Casa de la Cultura de Acapulco del Instituto Guerrerense de la Cultura, de donde se salió porque “no le daban presupuesto”. Blanquita es mucho más que una ex empleada del IGC, es un soldado del PRI o del cualquier partido que le ofrezca puestos públicos (fue candidata a diputada por el PT). De Zeferino consiguió conservar el puesto en el IGC que René Juárez le había regalado. Ahí, comentan los empleados, Blanquita hacía alegres veladas románticas en las que se vendía licor y había bailongo hasta altas horas de la noche. Además rentaba a título personal las instalaciones culturales para eventos sociales. En los que también declamaba. Muchos artistas se alejaron de la Casa de la Cultura debido a que Blanquita no les prestaba las instalaciones si no llevaban proyectos rentables, es decir, en los que se cobrara algo. Lo que fuera. Se dice protectora de la cultura porque pertenece a un club que cobra 500 dólares para que bardos bisoños reciban un título de poetas de manos de un supuesto “doctor en poesía” y sus versos aparezcan en un libro que cada año “le da la vuelta al mundo”. El día de su toma de posesión aparecieron en la sala Hornitos los acarreados de siempre: los chicos del Arte Vivo y un montón de indígenas artesanos manipulados por el Director de Asuntos Indígenas que ya en noviembre los había usado para hacer un mitin en su apoyo; y dos días después volvió a usarlos en el cumpleaños del alcalde. No conforme con llenar el recinto cultural con aduladores, Blanquita repartió bolsas con tortas y refrescos (sólo le faltó darles camisetas y gorras) y sentó a su diestra a aquel grave “doctor en poesía” del libro que “vuela por el mundo” en un cuadro del priísmo más abominable. Su primera declaración fue similar a la de Dimayuga: “Trabajaré sin presupuesto”, porque repetirá sus andanzas en el IGC. Su segunda declaración fue de antología: “El esparcimiento de los acapulqueños es prioridad”. Cuando Félix supo eso, seguramente lloró de alegría: para él la cultura es poner a todo mundo a cantar como Paquita la del Barrio; o hacer concursos de porras, de baile moderno o de grafitti. Su tercera declaración lo redimió por completo: “Buscaré recursos en la iniciativa privada, el caso es hacer eventos”. ¡Esta es la mujer que yo buscaba! –festejó Félix-: no rezonga, no pide dinero, le da al pueblo pan y circo ¡y aparte consigue dinero! ¡¿En dónde estabas hace 24 meses?! En la Casa de la Cultura de donde me fui porque me impidieron seguir haciendo todo eso y algunas cositas más. Pero aún falta: Blanquita no sólo declama y acarrea gente, ¡también canta! En el cumpleaños de Félix le hizo segunda a él y a sus hijas. Como en familia. Blanquita es pues la funcionaria perfecta para Félix en este año electoral en que el presupuesto de Cultura es sólo para obras de relumbrón: una mano de gato a la Hacienda la Providencia, al Fortín Álvarez, al “centro de la Artes” y la repetición de la feria de la Nao, en la que ella fue (pésima) conductora pero que harán que la gente vea “culto” a Félix. Ahora que los “grupos culturales” están confrontados; que el departamento Jurídico del Ayuntamiento de Acapulco mantiene a Aída Espino empantanada en una eterna querella; que el Congreso del Estado no responde a su denuncia; que los medios evitan evidenciar a Félix y a Fabiola Vega y que Aguirre Rivero abraza la causa de Salgado Macedonio, Blanquita buscará la forma de acceder a algún cargo de elección popular. El que sea, a cambio de sus buenos servicios: conseguir dinero en la iniciativa privada para las campañas del PRD, para la de su jefa Fabiola Vega; o para la de su pariente Manuel Añorve que quiere ser otra vez alcalde. O ¿por qué no? para la suya propia si la suerte le sonríe. Por supuesto Félix no le ha dicho que su nombramiento es falso y que tendrá que perorar, convencer, mover gente y dinero a cambio solo del sueldo. Eso, asume el alcalde, ella ya lo sabe: para eso la contrató. Para eso sirve. Lo que los acapulqueños queremos saber es qué tiene que ver todo eso con los asuntos culturales de nuestra ciudad. Pero es año electoral, para su arribo se prepararon durante dos años los partidos y no les importa qué atropellen si consiguen acceder o conservar el poder. Todos pelearán al mismo nivel y con las mismas trampas. Aunque, con Félix en Acapulco, el PRD les lleva la delantera. Blanquita es sólo un peón más que justificará lo que Dimayuga dejó “para después”, si algo dejó. Esta es sólo la segunda parte de la tragicomedia. Aún hay más. Nos leemos en la crónica: gustavomcastellanos@gmail.com |
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