El pasado 03 de diciembre,
el escritor acapulqueño Gustavo Martínez Castellanos
recibió el premio Nacional de Novela Ignacio Manuel Altamirano
por su obra “Sundancer”. Aunque la prensa local intentó
minimizar el evento, la ciudadanía acapulqueña se
enteró y se congratuló de que el premio se quedara
en Acapulco. Este es el discurso que leyó ese día
en Tixtla.
“En diciembre de 2005, decidido a practicar mi inglés
sin meterme a trabajar de mesero me enrolé en una compañía
de yates de recreo. Aunque en realidad buscaba dos cosas más:
la primera era un empleo, se acercaba la navidad y ese año
en particular me había ido muy mal, los periódicos
y las escuelas locales habían rechazado al unísono
mis solicitudes de empleo debido a mi inveterada costumbre de no
vender ni mi libertad, ni mis ideas, ni mi pluma. La segunda cosa
que buscaba era aprender un poco más sobre la vida náutica
de Acapulco y de paso empaparme de su mítica geografía
costera. Duré muy poco en esa compañía de yates.
La paga era muy pobre y el trabajo, muy peligroso. Resignado a olvidarme
de la cena de ese fin de año me dediqué a escribir
Sundancer para no olvidar la vivencia de haber sido marino en mi
propia tierra.
Escribí Sundancer
en quince días en medio de una ráfaga de inspiración
que derivó en un texto policiaco con tintes psicológicos
y una fuerte dosis de denuncia social: después de los cuarenta
años es imposible encontrar empleo en la actualidad.
Aunque no todo fue malo
en ese diciembre de 2005, mi madre me invitó a cenar el fin
de año en su casa, el Instituto Guerrerense de la Cultura
me aprobó un proyecto de otra novela que había metido
a concurso en noviembre y mi querida amiga Aída Espino Barros
Ramírez, Directora de Cultura de la ciudad de Acapulco me
invitó a trabajar a su lado en algunos proyectos. Lo malo
vino después: a lo largo de éste 2006, di más
de veinte conferencias magistrales, más de ochenta talleres
de literatura y narrativa y presenté diez libros pero el
alcalde Félix Salgado Macedonio y la secretaria de Desarrollo
Social, Fabiola Vega Galeana, se han negado pagarme reteniendo el
presupuesto destinado a la Dirección de Cultura porque intentan
aniquilar por asfixia económica a Aída Espino, así
que por todo el trabajo que hecho por mi ciudad no he recibido ya
no digamos el pago correspondiente sino ni siquiera un agradecimiento,
en cambio por defender a Aída Espino he recibido desde insultos
hasta golpes físicos por parte de los miembros del Consejo
Consultivo de Cultura, grupo de pillos con quienes Félix
Salgado y Fabiola Vega seguramente están desviando recursos.
A contrapelo, el Instituto
Guerrerense de la Cultura, con el apoyo que me otorga como creador
y con el premio Nacional Ignacio Manuel Altamirano, me ha ayudado
más que mi propio municipio y eso es algo que quiero reconocer
y agradecer en esta ocasión. Durante toda mi vida he analizado
a través de mis artículos periodísticos el
desempeño de nuestros políticos. Cuando el contador
Zeferino Torreblanca Galindo fue alcalde de mi ciudad le señalé
sus errores y a su vez le reconocí sus aciertos. Ahora que
es gobernador las cosas no han cambiado: sigo señalándole
sus errores y también reconociendo sus aciertos, es por eso
que quiero hacer un reconocimiento al trabajo desempeñado
por su administración a través de Laura Lopezvictoria
López y Nelly Bello pues ese trabajo está dando los
resultados esperados. Al menos este año el Premio Nacional
de Novela Ignacio Manuel Altamirano se ha quedado en Guerrero y
espero que en años venideros y en buena lid, ya no abandone
tierras surianas.
Por el apoyo a los creadores,
por la oportunidad de que nuestras obras compitan a nivel nacional,
por la estructura cultural y artística que este gobierno
está construyendo es justo decir: Gracias. Es verdad, falta
mucho por hacer; pero en ese rubro, quienes hemos recibido el apoyo
de este gobierno debemos convertir esa ayuda en inversión
y devolver con creces lo que el estado nos ha otorgado. Por eso,
en esta ocasión quiero decirles: señor Gobernador,
querida Laura, cuenten conmigo; si es para que mi estado mejore
y mis paisanos eleven su nivel de percepción y de sensibilidad
espero que me llamen a cerrar filas con ustedes para trabajar por
sacar adelante nuestra entidad. Ahora cuentan con un premio nacional
de Novela que está dispuesto a retribuir lo que en tan buena
hora recibió.
No quiero despedirme sin
darle las gracias también a mi queridísima Aída
Espino, luchadora incansable de la cultura de Acapulco; a mi esposa
Maribel, a mi madre y a Rosita mi hija. Muchas gracias a todas ustedes
por todo el apoyo moral y el amor con que me han movido a ser marino,
periodista, escritor y un guerrerense orgulloso de su cultura y
de su identidad”. 
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