Como lo señaló en su nota informativa del sábado 04 de noviembre la reportera de Cultura de Novedades de Acapulco, Dalila Colchero Prudente, la entrega de los proyectos de los creadores locales a la Dirección de Cultura por parte del Consejo de Cultura “no fue sino hasta el día viernes 03 de noviembre” no el día primero. Y la realizó solo el “pintor” Jesús Carranza, no en compañía del Roberto Freyre como Jesús Carranza declaró a El Sur, que publicó las mentiras del Consejero Jesús Carranza como verdades.
Lo que ni Dalila Colchero ni El Sur consignaron fue la inadmisible agresión que Jesús Carranza intentó en mi contra.
Esta es la historia, expuesta a la opinión pública con las fotos y la grabación que realicé ese día.
La “Secretaria Particular” de Fabiola Vega
Ese día 03 de noviembre la Directora de Cultura Aída Espino me llamó para decirme que Jesús Carranza, miembro del Consejo, había llegado subrepticiamente a su oficina a entregarle los proyectos de los creadores de Acapulco y que había llegado con Dalila Colchero, reportera de Novedades. Tres días atrás, Jesús Carranza había informado en El Sur que esa entrega ya se había hecho; ahora, supuso Aída, intentaba subsanar ese enorme error. En cuanto llegó a la oficina de Aída Jesús Carranza inmediatamente extendió a Aída un oficio en el que Citlali Guerrero ya le había firmado de Recibido. El documento iba acompañado de los proyectos originales. Aída Espino se negó a recibir en ese mismo oficio: “Citlali no es la directora de Cultura”, argumentó. Jesús Carranza replicó: “Le sacaré fotocopias a todo y se firmará de nuevo, aunque no sé qué de problemático tenga que ya haya firmado de recibido Citlali Guerrero si ella es la Secretaria Particular de la química Fabiola Vega”.
Como el cargo con el que Citlali Guerrero ha cobrado durante once meses es de Coordinadora General, aunque no devengue el salario; como la entrega se había publicado en El Sur y como Jesús Carranza llegó con una reportera, entonces Aída Espino me llamó para que hubiera constancia de parte suya de que esa entrega recepción ya iba muy amañada. Aparte, algunos trabajos no tenían las características especificadas. Como Jesús Carranza es visceral y violento no quiso enfrentarlo sin el apoyo de la prensa que nunca la ha golpeado.
“No hago declaraciones; y menos a ti”
Cuando llegué a la oficina, había un caballero de nombre Alfredo Hernández que había ido a visitar a Aída y que es editorialista de Novedades. Me puse a tomar fotos. Jesús Carranza empezó a darle a Aída Espino los fólders con los proyectos. Terminé de tomar fotos y puse mi cámara digital en la mesa en la que estaban trabajando y empecé a entrevistar a Jesús Carranza como miembro del Consejo de Cultura que es. Sin embargo, olvidando su obligación de responder a la prensa o por miedo de declarar alguna parte de sus planes para defenestrar a Aída Espino en conjunción con Fabiola Vega y Citlali Guerrero; me dijo: “No hago declaraciones y menos a ti”.
“Por que eres un pendejo, maestro”
Insistí: “¿Por qué menos a mí? ¿Es consigna del Consejo o postura personal?” Jesús Carranza montó en cólera, tomó mi pequeña cámara digital y, amenazándome con ella en alto, me gritó: “Porque eres un pendejo maestro”. Nunca me he considerado eso que el señor Carranza me gritó así que no le hice caso y concentré mi atención en dos cosas: continuar grabando y eludir los golpes que pretendía darme con mi propia cámara. El la hacia girar como una honda sobre su cabeza lanzándola hacia la mía. Eludí los golpes pidiéndole que se controlara. No me hizo caso y en una arremetida más mi cámara se le soltó de los dedos, me dio en la cabeza y se estrelló contra la alfombra del piso de la oficina. Luego intentó golpearme con las manos, no lo consiguió, lo único que pudo lograr fue quitarme la grabadora de un manotazo y arañarme. Sin cámara y sin grabadora ya no me quedaba de otra que responder a los golpes con golpes pero me detuvieron los gritos de Aída Espino que le exigía a Jesús Carranza que se detuviera o que llamaría a la policía.
Una botella con un jaguar
Pero Jesús Carranza ya había perdido los estribos. Su cólera le impidió rodear la mesa que había entre él y yo; y como ya no había ni cámara ni grabadora que arrojarme, volteó hacia un mueble que estaba a sus espaldas, vio una botella de ornato con un jaguar labrado en ella y la tomó con el firme propósito de golpearme con ella. Sin embargo, el señor Alfredo Hernández se lo impidió tomándolo de la muñeca de su mano en alto. En un rincón, Dalila Colchero, miraba con una expresión de espanto la ira del Consejero Jesús Carranza.
Nunca te voy a pagar
Aída Espino marcó varias veces el 066 (emergencias) pero nunca pudo entrar la llamada, entonces llamó a su abogado. Él le recomendó dos cosas: una que yo le exigiera a Carranza el pago de mis herramientas de trabajo y que levantara una denuncia en el M. P. de calle Hidalgo.
Encaré al “pintor”: “Me va a pagar mi cámara y mi grabadora”. Aún colérico él me respondió: “¿Sabes cuándo te voy a pagar?: ¡nunca!”. Entonces el señor Alfredo Hernández me sugirió: “Vamos a levantar el acta: yo lo acompaño y atestiguo”. Sin embargo, Jesús tenía otros planes, quería que a toda costa Aída Espino le recibiera los proyectos porque, según él, esa entrega ya se “había hecho”, y como veía que las cosas se le salían de control intentó imponerse: “Aída, siéntate -ordenó- vamos a terminar”.
“Quieres que te madree ¿verdad?”
Aída Espino lo puso en su lugar: “En primer lugar no me grites -exigió-, no tienes ningún derecho a darme órdenes y menos aún en mi oficina; y en segundo lugar no voy a recibirte nada porque tu comportamiento no es el adecuado, yo no admito estas cosas en mi centro de trabajo”. Jesús cambió la táctica y suplicó, aún jadeante: “Vamos Aída, ya nos falta poco”. Ella accedió. Yo levanté mi grabadora y mi cámara y los rearmé, sólo se les habían salido las pilas, la memoria y el cassette. Chequé que funcionaran y continué la entrevista: “¿Por qué anunció dos días atrás que esta entrega de proyectos ya se había realizado?”, dije, y Jesús Carranza sólo dijo: “Quieres que te madree ¿verdad?”.
“No puedo hablar, no puedo decir nada, no puedo”
“Lo lamento -le respondí-, esta profesión me expone a estos riesgos y tengo que enfrentarlos” entonces él me increpó: “Pues nunca te voy a contestar nada, y donde te encuentre te voy a madrear”. “Adelante, señor, -le dije- está usted en su derecho pero es su obligación como Consejero responder a la prensa ¿o es consigna del Consejo no atender a los medios?”. En ese momento su actitud cambió, se derrumbó como una pésima actriz dramática: “No puedo hablar, no puedo decir nada, no puedo”. “¿Esa es la idea que de la Cultura tiene este Consejo?”, lo interrogué. Pero ya no abrió la boca, se quedó sentado pasándole a la Directora Aída Espino los fólders con una expresión de abandono. Sufría. En ese momento y de la forma más inesperada entró a la oficina Citlali Guerrero.
Silencio y sólo silencio
Le repetí las preguntas a esta mujer que tiene el puesto de Coordinadora General en la Dirección de Cultura, que cobra once mil pesos al mes que nunca ha devengado y a quien Jesús Carranza había anunciado como “Secretaria Particular de la Secretaria de Desarrollo Social, Fabiola Vega Galeana”. Pero Citlali, la mujer a quien por capricho de Félix y Fabiola se le ha erigido una Dirección de Cultura paralela, nunca respondió. “¿Es esta la idea que de la Cultura tiene este Consejo?”, repetí. Ella tomó los folders de la mesa, impidió que Aída Espino firmara el recibo y me sonrió con tristeza. Después, en absoluto silencio, ambos abandonaron la oficina.
“Arréglate”
Una vez que en la oficina quedamos solo Aída, Alfredo Hernández y yo (Dalila Colchero tomó un par de fotos más y se retiró discretamente) Aída me miró y me dijo: “Arréglate”. Yo aún estaba alterado, se me hacía inverosímil que alguien que se dice artista y creador se hubiera comportado como una bestia apocalíptica. Peor aún si es miembro de un Consejo de Cultura. “Estoy bien”, respondí y revisé nuevamente mis herramientas de trabajo: la cámara tenía todas sus fotos y la grabadora había grabado todo: antes y después de la cobarde agresión. “No -insistió Aída- péinate, abróchate la camisa”. Hasta ese momento me di cuenta de que estaba completamente despeinado, que tenía desabrochados dos botones de la camisa y varios arañazos: las uñas de Jesús Carranza. “Sólo espero que no tenga Sida”, comenté. “Es que nunca le quitaste la grabadora de los labios”, me dijo Aída. “Usted está loco -dijo Alfredo- no se arriesgue así, ¿qué hubiera hecho si ese loco le zorraja la botella?”. Sonreí: “Tendría un chichón más grande en la cabeza”.
Un “Honorable” Consejero con una Averiguación Previa
Unos minutos después, más serenos, acordamos que lo más sano era levantar la demanda por agresión y amenazas. Así lo hice más tarde, después de entrevistar al regidor Celso Sánchez. Todo lo descrito quedó asentado en la Averiguación Previa AM/BH/0375/2006 III por los delitos de agresión y amenazas y en el casette que grabó todo. Absolutamente todo.
El análisis: como animales
Desde el inicio de la gestión de Félix Salgado Macedonio han campeado el caos y la corrupción. Esta ausencia de gobernabilidad da como resultado que grupitos de poder intenten escalar a toda costa posiciones para quedar enquistados en el presupuesto, como es el caso de este Consejo de Cultura. Sin embargo, algo que preocupa de este des- gobierno es que en ese afán por medrar en el presupuesto Félix Salgado Macedonio orille a los funcionarios, y a los que no lo son, a competir a golpes e insultos por todo. Por lo que se vivió en la oficina de Aída Espino, Jesús Carranza es un miserable personaje más de este inverosímil montaje que Félix y Fabiola han puesto para evitar que la ciudadanía se entere de sus corruptelas y latrocinios. No digo que Jesús Carranza sea una víctima, sino que, como cualquier persona proclive a ser corrupto aprovecha esa “oportunidad” y a golpes e insultos pretende conseguir lo que Félix y Fabiola le dijeron que así se conseguía. Como animales.
Así hacen cultura Félix Salgado y Fabiola Vega
El comportamiento salvaje de Jesús Carranza no denigra al Consejo de Cultura, grupo de mafiosos expertos en saquear presupuestos como lo hicieron el trienio pasado. Tampoco denigra al régimen de Félix Salgado que se dice “doctor en marchas y plantones” y que desalojó de forma violenta a los artesanos indígenas la madrugada del 15 de septiembre; ni a Fabiola Vega, mujer que grita, amenaza e insulta cuando las cosas se le salen de control. El comportamiento, de Jesús Carranza denigra a nuestra ciudad y a los auténticos Consejos Consultivos que luchan en cada comunidad por mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. ¿Así hacen cultura Félix Salgado y Fabiola Vega? Sí, así hacen todo.
Retirarse
Esa y muchas otras razones me invitan a enviarle este mensaje a Jesús Carranza que, desde ese día se ha estado escondiendo: No consiguió dañarme, ni a Aída Espino. No consiguió entregar los proyectos. No consiguió ocultar su fraudulento proceder. No ha conseguido nada, señor Jesús Carranza, sino quedar como una bestia y desenmascarar a sus compinches. ¿No cree que este es el momento de tener dignidad y retirarse? Piénselo, con eso, tal vez se haga un favor.

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