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El despojo de la Casona de Juárez vino a desenmascarar la verdadera idea que sobre la cultura de nuestra ciudad tienen Félix Salgado Macedonio y Fabiola Vega Galeana.
A decir de Fabiola Vega, fue Félix Salgado Macedonio quien propuso al Cabildo que se redujeran de forma tan drástica los presupuestos de determinadas áreas de su administración. Así desapareció el presupuesto de casi todas las áreas de Desarrollo Social con excepción de la Dirección de Cultura que redujo en más del 90 % con referencia al trienio anterior.

En menos de veinticuatro horas, de un trienio a otro, nuestra ciudad cayó en la miseria pero no sólo eso: en nueve meses de administración, el presupuesto aprobado no ha sido liberado aún. ¿Dónde está todo ese dinero?

Las facturas de Campaña

Al principio de la administración felixista corrieron diversos rumores de que quien iba a ocupar la Dirección de Cultura sería el empresario papelero César Zambrano, personaje local que posee un enorme espacio al que bautizó como “Poliforum Cultural” que nunca ha podido echar a andar. La papelería casi siempre está vacía, los empleados se quejan de que son explotados laboralmente y de otras cosas peores; el área de internet, la fuente de sodas y el foro para los eventos culturales siempre lucen vacíos. Nadie asiste a esos eventos.
Terminan cancelándolos. Un solitario, anacrónico y burdo mural que intenta ornamentar la rudeza de la enorme pared norte podría ser el único evento artístico que podría ostentar el “Poliforum”, pero ni eso, porque sólo es una oda de alabanza al actual gobernador cuya efigie se distingue entre las de algunos héroes y artistas nacionales.

Ese triste panorama evidencia que César Zambrano nunca podrá ser Director de Cultura de nuestra ciudad. Sin embargo, a cambio de su falta de visión y buen gusto tiene algo a su favor: aportó dinero para la campaña de Félix Salgado Macedonio y eso es suficiente.
“Si no es Juana es Chana”

Sin embargo, esos sólo eran rumores y, posiblemente ni el mismo Zambrano aceptara ser Director de Cultura; tal vez apuntaba un poco más arriba, sólo un poquito: a la Secretaría de Desarrollo Social y la Dirección de Cultura sólo fuera un trampolín. En cualquiera de los casos, sin embargo, tanto Zambrano como Fabiola Vega tenían un as bajo la manga para ocupar la Dirección: Citlali Guerrero, una mujer que a pesar de que siempre ha estado involucrada en cuestiones de política cultural (o quizá por eso) jamás podrá aprender que la Dirección de Cultura no sólo es una promotoría de artistas y folclore. Pero, como una forma de asegurar que aprendiera se le regaló el puesto de Coordinadora de General de dicha Dirección. Sin embargo, en nueve meses, es lo único que no ha hecho: coordinar y proyectar algo. En cambio, se ha hecho cargo de organizar los eventos de César Zambrano (y tal vez esa sea la razón por la que fracasan) pero cobrando más de once mil pesos en el ayuntamiento.

La cobertura

Como en la Coordinación General de la Dirección de Cultura, Citlali jamás podrá hacer nada, ni siquiera el programa o la planificación de un mes de actividades correctamente, se le dieron dos salidas. Se le comisionó para organizar los festejos del Bicentenario del Natalicio de don Benito Juárez, festejos que como todo mundo pudo constatar, pasaron desapercibidos, desangelados y por si fuera poco, completamente ignorados por toda la ciudad, ya no digamos por el público consumidor de cierta cultura. Por supuesto, hizo lo que siempre ha hecho en el “Polyforum” dirigir al fracaso todo lo que toca.

Y, después, la coordinación de un museo de las artesanías en la que también fracasó.
Sin embargo, la cobertura no paraba ahí. El mismo Zambrano que aparte de ser alcalde suplente, es Presidente de los Consejos Ciudadanos, promovió, junto a Fabiola Vega el “resucitamiento” del Consejo Consultivo de Cultura y puso a otro personaje harto conocido de nuestra ciudad a armarlo, la arquitecto Areli Eunice Gómez Martínez, quien, desde la sombra ha sostenido, a la par que Zambrano y Fabiola, a Citlali.

Las eminencias grises

Sin embargo, no sólo Fabiola, Areli y Zambrano, protegen y asesoran a Citlali Guerrero, sino también dos sombras tras el poder: la señora Malena Steiner y el poeta tabasqueño Jeremías Marquines quien durante algunos años escribió en el periódico local El Sur con el seudónimo de “El Viejo Lépero” y en cuya columna fustigó y amedrentó a muchos políticos que aún temen a su pluma. Hoy Jeremías Marquines tiene demandado a El Sur por más de trescientos mil pesos en un proceso legal plagado de irregularidades pero que no puede perder porque aparte es asesor político de la diputada Rosario Herrera. De la poesía, si es que alguna vez se interesó, ya se ha olvidado.

Malena Steiner, en cambio, sólo es una otoñal actriz que fue muy favorecida en el trienio de López Rosas y que ahora que la suerte no le ha sonreído hace uso de toda su ancestral sabiduría política para regresar a beber nuevamente de las mieles del presupuesto. Sobre la espalda de Citlali.

El Consejo Consultivo de Cultura

Entre Areli, Malena y Citlali promovieron el resucitamiento del Consejo Consultivo de Cultura mismo que ya habían echado a andar en el trienio de López Rosas pero que nunca oficializaron porque López Rosas los necesitaba para sus muy particulares “planes culturales”, así que el Consejo nunca funcionó, jamás sesionó y, hasta ahora, no ha convocado a los artistas todos de la ciudad para trabajar. Es un club privado. Tan privado que, a decir de Areli, tendrán vocero pero que cada vez que pueden intentan dañar la imagen de la actual Directora, Aída Espino, favorecerse entre ellos (avalaron el despojo de la Casona de Juárez) y acceder de la forma más rápida y directa al presupuesto. Tal vez por eso Fabiola no lo ha liberado: está a la espera de que sus amigos consigan el puesto.

El círculo cerrado

Con el Consejo Consultivo de Cultura se cierra el círculo de lo que Félix Salgado Macedonio y Fabiola Vega Galeana entienden por hacer cultura en nuestra ciudad: pago de facturas políticas, tráfico de influencias, desvío de recursos, duplicación de funciones. Guerra barata y sucia. Fraude y encubrimiento. Un paraíso de corrupción.