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El Consejo Consultivo de Cultura es un órgano auxiliar ciudadano que coadyuva en la vigilancia y conformación de los programas que se elaboran para la Dirección de Cultura, pero sólo eso, sin embargo, bajo ciertas interpretaciones algunos miembros del Consejo intentan tomarse atribuciones que nos les corresponden, tales como sustituir a la Dirección de Cultura, establecer la política cultural de la ciudad y fiscalizar (pero sólo de forma parcial) a los órganos de gobierno. Parcial porque en el caso concreto de este Consejo de Cultura sólo han cuestionado la actuación de Aída Espino, actual directora, pero no han cuestionado las aberrantes actuaciones de Fabiola Vega, César Zambrano, Félix Salgado, Pablo Morales y las decisiones del Cabildo, que aprobó una drástica reducción del 90% del presupuesto para cultura con referencia al trienio anterior. La Historia El actual Consejo Consultivo de Cultura, en los hechos fue formado en el trienio anterior. Una vez que Aída Espino fue ilegalmente separada del cargo de Directora de Cultura, el Consejo cayó en el olvido, ya no lo necesitaban sus actuales miembros pues con el nuevo director obtuvieron de todo: dinero, viajes, prebendas y nunca la formalizaron. No fue sino hasta que Aída Espino ganó su pleito cuando sintieron el temor de quedar fuera del presupuesto que intentaron revivirlo. “No nos lo volverán a hacer” Para tal efecto se adhirieron a los caprichos seudodemocratizadores del actual alcalde que, al principio, para todo quiso Consejos, (ahora ya no) y los anteriores miembros del Consejo formado a medias, asistieron a las mesas correspondientes y consiguieron establecer su postura: querían hacer, esta vez sí, un Consejo de Cultura. Se les concedió. Sin embrago, en una reunión celebrada el 07 de febrero en el Partenón con César Zambrano a la cabeza, los futuros nuevos miembros dejaron establecida de antemano su verdadera política cultural: No quedar fuera del presupuesto. “Ese dinero nos pertenece tronó Areli Eunice-, y llegaremos a él a como dé lugar”. “Si el gobierno de Félix no nos lo da dijo su esposo Roberto Acuña- le bloqueamos las calles, tomamos el ayuntamiento y ablandamos a Félix a periodicazos como Monsiváis a Carlos Abascal”. Yo fui coordinadora de Cultura con Zeferino informó Citlali Guerrero- y me hizo firmar un presupuesto por 3,100.000.00 (tres millones cien mil pesos) que nunca aplicó, se quedó con ellos, no me lo volverán a hacer”. El alcalde Félix Salgado Macedonio fue enterado de todo esto e hizo mutis. Fabiola Vega, en cambio, regañó a la Directora de Cultura: “Debiste abandonar esa reunión”. No burocratizar la Cultura En esa ocasión Aída Espino se negó a apoyar eso planteamientos y no firmó la minuta. A los tres días, un tabloide matutino la entrevistó por teléfono y tergiversó sus palabras: “Se niega Aída Espino a la formación de un Consejo Consultivo de Cultura”. Ella protestó por esa interpretación en una carta, pero como ya es costumbre, no la publicaron completa. Así inició también una guerra de silencio en contra suya y de todo lo que hace: algunos diarios mencionan sólo los eventos no su participación, mencionan el problema y la incluyen como parte del problema. Le dan foro abierto al Consejo y en muchas ocasiones hasta mienten, como en el caso del susodicho tabloide que lleva nueve meses diciendo que Aída Espino fue separa del cargo por López Rosas por irregularidades en su presupuesto o porque no entregó a tiempo su declaración patrimonial, cuando todo mundo sabe que fue porque se negó a firmar la desaparición de su presupuesto. Una vez que la echaron, los miembros del actual Consejo fueron los beneficiarios del presupuesto. “Ya somos Consejo” Finalmente el actual Consejo fue formado y, esta vez, protocolizado con toma de protesta ante el Cabildo y reconocimiento público por parte del alcalde. En la ocasión: Jesús Carranza advirtió: Sin presupuesto todo proyecto se queda en grandes ideas, y el alcalde le contestó: “No hay dinero” y como para reafirmar su postura preguntó a Areli: “¿Las pinturas (unos adefesios puestos en el lobby del palacio municipal) fueron donadas?” Areli Eunice, con visibles muestras de rechazo evitó abrir la boca, pero después declaró: “No pensamos regalarles nada, esas pinturas nos costaron y tendrán que pagar por ellas”. Posiblemente ya consiguieron su cometido. “Paranoica y delincuente” Tres semanas después, el Consejo pidió a Aída Espino que le rindiera un informe de actividades, sin embargo, llegaron muchas personas ajenas al Consejo, entre ellas Enir Agís, ciudadano defeño, líder de indígenas artesanos; los medios de comunicación y Fabiola Vega. Desde el inicio la reunión se volvió ríspida. Una serie de acusaciones contra Aída hizo que algunos de los presentes abandonaran al Consejo y se pusieran del lado de la Directora quien había declarado que la Secretaria de Desarrollo Social no había liberado los recursos de la Dirección y que sin embargo ella había realizado, con su dinero, más de cien eventos, cinco de ellos de nivel internacional. Ante el enojo de los asistentes, Areli tomó la palabra y le dijo: “Eso es delito, tú cometes un delito al meter dinero al gobierno”. Otro miembro del Consejo dijo: “Eres una paranoica, debes hacerle como yo cuando fui funcionario público que cuando no había recursos nomás me iba a hacer tonto, cobraba mi sueldo y me iba a mi casa”. La Secretaria Fabiola Vega, al ver que la reunión se tornaba ríspida y después de intentar regañar a Aída Espino optó por huir aprovechando la salida de Pal Kepenyes. Los proyectos del “Consejo” Sin embargo, a pesar de que no pudieron dañar la imagen de Aída Espino, los miembros del Consejo continuaron trabajando en sus planes. Nunca convocaron, igual que desde su conformación, a todos los artistas para saber qué proponían a nombre de la comunidad cultural, pero aprobaron entre otras cosas, extraer recursos de Cultura para la rehabilitación de la Ex Hacienda de la Providencia, un demencial plan turístico de Fabiola Vega, al igual que el corredor escultórico del Acapulco Diamante, con el cual, la enfebrecida secretaria de Desarrollo Social dijo que iba a “generar empleos”. Sin embargo, todos estos planes de corte neoliberal que hasta su propio partido le han criticado, no fueron nada comparado con el complot para despojar a Acapulco de la Casona de Juárez. Preludio para un despojo Una vez fijada su postura,
Consejo y Fabiola Vega cerraron filas contra Aída Espino.
El Consejo sólo sesionaba a oscuras, apartado, con sus propios
miembros, sin convocar a nadie más. Fabiola cargó
de trabajos y comisiones a Aída para intentar cansarla y
desgastarla también económicamente. Areli ya había
conseguido conjurar la animadversión del alcalde y diario
se le veía en el ayuntamiento; entraba y salía de
todas las oficinas sin problema alguno pues el alcalde ya había
asistido a un evento suyo en el que le presentó a una bailarina
exótica. Tenía derecho de picaporte. Citlali Guerrero
servía de enlace con su verdadero patrón: César
Zambrano. “Para servir al de enfrente” Aunque quisieron disfrazarlo de muchas maneras, la faena les salió cara pues Fabiola, Areli, Citlali, Jesús y Félix no sólo habían puesto en charola de plata ese inmueble que ya es parte de nuestra historia y de nuestra cultura en manos del empresario que tiene su papelería frente al Ayuntamiento, sino que evidenciaron que todo ese tiempo habían trabajado de manera velada, como ladrones agazapados en las sombras, y sin tomar en cuenta, absoltamente para nada a la comunidad cultural. Todo el negocio estuvo siempre sólo en sus manos. Las reacciones. Los primeros en protestar fueron los desalojados de la sala Papagayo: Teté Chávez, Enir Agís, Enrique Muñoz Pintos. Posteriormente, los miembros del grupo Arte Vivo, Enock Díaz, Gabriel Brito, Luis Vargas; finalmente todos los demás artistas y promotores culturales del puerto que jamás han sido tomados en cuenta por el Consejo: Yolohtli Vázquez, René Soto, Lumi Kepenyes y la escritora y periodista internacional Manu Dornbierer. El empresario César Zambrano se escudó declarando que él sólo quería “traer artistas de fuera” para enriquecer nuestra cultura local (como si aquí no hubiera artistas con suficiente talento y obra) y que como el ayuntamiento no había pagado ocho meses de renta él se había ofrecido a hacerlo. Fabiola Vega pretextó lo mismo y acusó a Aída Espino y a Gabriel Brito de alarmar en falso a la ciudadanía. Citlali Guerrero tronó: “Ya está firmado, tiene que respetarse”. Areli Eunice dijo: “Si Acapulco se queda sin la Casona no se pierde nada”. Daniel Ríos, sin embargo fue más cauteloso: “No fue un convenio fue sólo una intención, no hay nada oficial”. Sin embargo los medios filmaron el magno momento en que estampaba su firma. Fabiola, César, Citlali y Areli lo desmintieron. “El alcalde es quien tiene la última palabra”, dijo Fabiola. “El alcalde estaba enterado, él lo autorizó”, dijo Citlali. “No fuimos llamados a ese convenio”, dijo Areli tratando de desligarse. “Tengo un mes pagando la renta porque el dueño es mi amigo y vino desde España sólo a esto porque desde diciembre del año pasado que no le pagan la renta” dijo César Zambrano y dejó todo al descubierto. Durante esa álgida semana, la última de Agosto, el alcalde evitó a los medios: “No estoy enterado”, pretextaba; pero cuando vio que Zambrano mostraba derecho de antigüedad hizo la siguiente declaración: “No he firmado ningún convenio, ni estaba enterado ni quiero estarlo” e involucró a otros: “Ni la síndica Ma. Antonieta Vizairo ni el Cabildo sabemos nada de esto”. Esas declaraciones hicieron que Citlali, operadora política de César Zambrano, tronara: “¡Cómo es posible que Félix se eche para atrás! ¿cómo?” Nuevamente a las andadas Después de esa derrota, el Consejo guardó un silencio sepulcral. Hasta este 18 de septiembre, que ha citado, ahora sí, al Cabildo para “entregarle el plan de cultura 2007”, acción con la que cometería otro enorme error, pues no convocaron a toda la comunidad cultural, están usurpando las funciones de la Directora de Cultura y adelantando tiempos: esa supuesta entrega está calendarizada para noviembre. La Cosecha Durante el trienio anterior Areli Eunice, Citlali Guerrero, Jesús Carranza y Malena Steiner fueron ampliamente apoyados por el Director de Cultura de ese entonces, José Dimayuga. Ahora que la suerte no los favoreció y la dirección la ocupa Aída Espino han tratado por todos los medios de echarla de esa Dirección para retomar el control. En esos afanes, han permitido la reducción del presupuesto, el ingreso a políticas neoliberales en materia de cultura, han despojado del patrimonio cultural a la ciudad y entorpecido al máximo el trabajo de Aída Espino que trabaja sin presupuesto pero que no ha permitido que su área se colapse. Para eso armaron el Consejo, para realizar el trabajo sucio de esta administración. Ahora sólo falta que el Cabildo los secunde y la ciudadanía los solape.
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