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Acapulco a través de los siglos: Nuestra identidad SAN FELIPE DE JESÚS, MÁRTIR EN JAPÓN El primer santo mexicano murió el 05 de febrero de 1597 en Nagasaki. Años antes se había embarcado en Acapulco en la Nao de China que lo llevara a Filipinas. En su viaje de vuelta al puerto mexicano una tormenta se lo impidió. Hasta 2005 se le veneró en Dos Arroyos. Felipe Canales o de las Casas Martínez nació el primero de mayo de 1575 en la ciudad de México. Hijo de Alonso Canales o Casas y Antonia Martínez, nobles ricos, estudió en el colegio de San Pedro y San Pablo. Tomó el hábito en el convento franciscano de Santa Bárbara, hoy San Antonio, en Puebla, pero a poco tiempo abandonó el convento y volvió a la vida normal de seglar. Sus padres le impusieron aprender del oficio de la platería y lo enviaron a Filipinas para que siguiera la carrera del comercio. En Manila, gastó parte de su caudal en ‘pasatiempos y bizarrías de mancebo’. En 1592 volvió a tomar el hábito en el convento de Santa María de los Ángeles, de Manila, y por su buena conducta, recibió la solemne profesión, bajo el sobrenombre de Jesús. Sus padres consiguieron licencia para que viniese a México a decir su primera misa y Felipe se embarcó en Cavite, el 12 de junio de 1596 en el galeón San Felipe. A las setecientas leguas de Filipinas y ciento cincuenta de Japón una tempestad lo obligó llegar de arribada forzosa a Urando, en Japón. Desde 1549 habían diversas congregaciones católicas en el Japón. Los franciscanos habían erigido casas, iglesias, y hospitales atendidos por Jesuitas y Franciscanos. Pero Taycosama, emperador de Japón, había iniciando hostilidades contra ellos, ordenó prenderlos y extendió la orden contra cinco religiosos que llegaron en el galeón San Felipe. En Nagasaki fueron martirizados veintiséis cristianos, entre ellos Felipe y dos conversos japoneses. Felipe pudo haberse salvado pero se negó terminantemente: “No quiera Dios que mis hermanos estén presos y yo me vea suelto; será de mí lo que fuese de ellos”. “El alférez Pedro Costela detalló el martirio: ‘Estaban sin abrigo y descalzos en prisión. En Fuximen les cortaron la oreja izquierda y luego ordenaron que les cortaran las narices. El capitán del barco y yo rogamos al Rey de Urando que no lo hiciera; y no se las cortaron”. En Nagoya, Fonsombro, su gobernador, ejecutaría la sentencia de muerte. Se le rogó que evitara la ejecución y él replicó: “Tiene que cumplirse, a mi me pesa mucho esta encomienda porque he visto que los padrecitos son buenas personas pero que ya les tenían preparada su cruz”. Días después, cuando Felipe vio la cruz que le correspondería se arrojó a ella diciendo ‘¡Oh, dichoso navío, oh dichoso galeón San Felipe, oh pérdida que fuiste la mayor de las ganancias!’ El verdugo lo acomodó mal sobre la cruz y cuando la levantaron quedó pendiendo sólo de la garganta, ahogándose. Él permaneció sosegado. Los españoles dijeron a los verdugos que el martirio estaba siendo demasiado cruel pero ellos no hicieron caso. A semejanza de Cristo, le dieron tres lanzadas. La primera lo atravesó de izquierda a derecha, la segunda al revés y la tercera para rematarlo. Después de la primera exclamó tres veces Jesús y expiró. Fue el primero en morir. Españoles y japoneses conversos, recogieron su sangre en pañuelos y sombreros. Una leyenda dice que en casa de los Canales había una higuera que no daba frutos. El padre de Felipe había mandado cortarla; la señora se opuso: Esperaremos a que dé fruto, dijo. La nana de Felipe exclamó: “Hasta que Felipito sea santo”. Aquel 5 de febrero la higuera amaneció con brotes. La nana entró llorando a los aposentos de sus patrones: “Algo ha ocurrido con mi niño Felipe, dijo, algo grande y bueno”. En 1616 la orden tercera de San Francisco gestionó ante el Papa se procediese a su beatificación. El 14 de septiembre de 1627 Urbano VIII, beatificó a todos los mártires que murieron en Nagasaki aquel 1597. El 5 de febrero de 1629 se celebraron en la ciudad de México las primeras fiestas de la beatificación. La fiesta de San Felipe de Jesús fue declarada día festivo nacional por el congreso en 1826. En el pueblo de Dos Arroyos, municipio de Acapulco, en el antiguo camino a la capital del virreynato (actualmente Autopista del Sol) se celebraba, desde antes de aquel 1629 la fiesta de San Felipe de Jesús, este año 2006, después de casi cuatrocientos años, no pudo celebrarse porque el pueblo está sometido a un régimen de miedo por los conflictos comunales que el gobierno actual ha ocasionado con la imposición del proyecto La Parota y por cuya causa ha habido muertos. Así se pierden nuestras tradiciones |
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