Gaceta de información de Actividades Culturales de la Ciudad y Puerto de Acapulco Año 1, No 2. Febrero - Marzo de 2006 |
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RADIOGRAFÍA DEL ROCK EN GUERRERO
El sábado 8 de febrero ante una nutrida audiencia de punketos, hippitecas, rockeros y público en general, Agustín Ramírez presentó, en La Casona de Juárez, el libro Radiografía del rock en Guerrero, de Jaime García Luna “El Jaguar”. La profesora Aída Espino declaró que “investigaciones como la de Jaime García nos dan otra dimensión del ser guerrerense y contribuyen a acercarnos a la otredad cultural a la que también pertenecemos”. El prólogo es de José Agustín quien accedió a que CulturAcapulco reprodujera en sus páginas el texto. En casi cinco décadas he oído descalificaciones del rock por colonizador, impe¬rialista, desnacionalizador, gringo y, además, de retratar sólo grandes ciudades; por eso, al leer Radiografía del rock en Guerrero, de Jaime García, me fue reconfortante y estimulante corroborar que el buen rock ha sido y sigue siendo punto de convergencia que ha llegado hasta los últimos rincones de muchísimos países. Esta Radiografía del rock en Guerrero, pionera en las investigaciones sobre el desarrollo del rock en distintas regiones de nuestro país (antes sólo teníamos reportes de Tijuana y de Xalapa), me resultó fascinante porque muestra los caminos del rock, o como decía Parménides García Saldaña, "las rutas de la onda". Salvo en el caso de Acapulco, especial por su afluencia turística internacional desde fines de los años 1940 y donde tuvo lugar la bárbara represión en el Festival de la Amistad de 1986, en todos los demás sitios que Jaime García estudia, el patrón es similar. En la rocanrolización de un pueblo, ciudad pequeña o mediana, la radio cumple una función esencial; un buen programa de rock (Las otras bandas, de Tlapa, por ejemplo, del cual Jaime García, alias El Jaguar, fue locutor) crea un público juvenil. Al mismo tiempo, unos chavos se van y regresan; otros se quedan pero salen cada vez que pueden, y todos ellos traen al pueblo discos, casets, videos, devedés, que expresan otros gustos musicales y nuevas formas de vestir y de hablar, y éstas penetran con fluidez porque eso precisamente se necesitaba; poco a poco, sin que nadie se lo proponga, se inicia una contra cultura, o una cultura alternativa, de resistencia, que trata de eludir y compensar la aplastante maquinaria cultural del régimen, el cual, a través de las escuelas y la televisión, de músicas y películas, establece los patrones de "modernización" del país. Desde el principio, la cultura institucional desarrolla un rock complaciente en el que los músicos son marionetas; sin embargo, también desde el principio, el rock humaniza, sensibiliza, hace que el joven trate de ampliar sus perspectivas y por eso ocurren peregrinajes de cientos de kilómetros y mil incomodidades para ir al Tianguis del Chopo, que en este libro muestra su función valiosísima, y su potencialidad de vínculo entre los chavos de todo el país. Después de esto viene la creación de colectivos, que luchan por expresarse y que en un principio lo hacen a través de fanzines y las clásicas vías dionisiacas del reventón, lo cual les genera problemas sociales. Para entonces ya hay varias bandas rockeras, algunas tocadetodo, para fiestas, aunque de espíritu rocanrolero, y otras que desafían los gustos impuestos y perseveran en lo que les gusta: metal, punk, reggae, ska o su fusión preferida. El libro deja ver este proceso en Tlapa, pequeña ciudad de la Montaña del sur guerrerense, casi colindante con Oaxaca; después revisa Chilpancingo, Acapulco, Taxco, Iguala y concluye en Buenavista de Cuéllar. El rock progresó en Tlapa porque hacía falta, era una necesidad histórica, como decían los marxistas. Significativamente, Tlapa ha permitido la expresión de jóvenes sensibles y ha sido detonador de tomas de conciencia social e individual, porque el rock y la cultura que lo acompaña inevitablemente enfrentan la incomprensión, la intolerancia y la represión, desmesuradamente violenta en ocasiones, que obliga a reconsiderar a la sociedad y a uno mismo. Este fenómeno cultural ocurrió a partir de los 1970, aunque en Acapulco y Taxco, por su condición turística, se dio desde antes. Tras largos y sinuosos caminos, el resultado es una profusión de grupos de rock (algo "dinámico, complejo y diverso", dice García) en los principales sitios del estado. Aunque aún no hay reportes sobre Zihuatanejo, Tlapehuala, ciudad Altamirano, Chilapa, San Marcos u Ometepec, es muy posible que estas ciudades se hallen en alguna de las fases de rocanrolización y con sus propios grupos. Pero en Tlapa, Chilpo, Aca, Taxco e Iguala, se trata de una realidad con nombres propios que Jaime García rescata y ubica en su tiempo correspondiente: el surgimiento de conjuntos de rock como Incinerador, Mugre y Miseria, Euforia, Resistencia Total, las Ratas Subterráneas, Suicidio, Morticia, Pozole Gratis, Arcángel, Crucifixión, Cristo, Coprofilia, Zoofismo, la Tuerca Puerca, Metal Guerrero, Réquiem, los Garrafones, Antología y Obra Negra, el único de esos grupos que he oído y que, por cierto, es bastante bueno, por lo que me encantará oírles la obra ya construida. Como se puede ver, varios de los nombres de los grupos son muy buenos y algunos un manifiesto en sí: van del azote total ultradark (Mugre y Miseria, Coprofilia, Suicidio) al espíritu religioso (Arcángel, la Biblia, Cristo), o se inclinan a la conciencia social (Resistencia Total). Por cierto, Pozole Gratis me parece un nombre sensacional por el amor a la tradición reciente de entrarle a los "juebebes" pozoleros, además de buen humor y malicia. Otros grupos, como Mugre y Miseria, trataron de componer en mixteco, pero no pudieron, como sí lo hizo Xixitla, de Tetelcingo, Morelos, que en los ochenta componía y cantaba en náhuatl. El Jaguar García despliega su libro con corrección y un formato un tanto rígido, pero cuenta bien muchas de las historias. Establece sin falta muy pertinentes contextos geográfico-histórico-sociales. Luego expone panorámicamente, aunque se detiene en detalles. Estos prologuitos o parén¬tesis contextuales permiten a García hacer apuntes de la vida nacional y del estado, y así se establece la influencia del neozapatismo en los jóvenes guerrerenses (y de to¬do el país, pues la cantidad de grupos de rock que han apoyado al EZLN es impresionante, como ya nos hizo ver Benjamín Anaya). Radiografía del rock en Guerrero es un trabajo pionero, pero establece bases que serán ineludibles en ulteriores explora¬ciones. Está escrito con pasión pero a la vez con la sobriedad que imponen los cánones. Es un trabajo que hacía falta para documentar la historia del rock nacional y para conocemos mejor. Ojalá se sigan dando estas inves¬tigaciones sobre el rockito en las distintas regiones de México. José Agustín.
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