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Gaceta de información de Actividades Culturales de la Ciudad y Puerto de Acapulco Año 1, No 2. Febrero - Marzo de 2006

Acapulco a través de los siglos: Nuestra identidad

MORELOS EN ACAPULCO

Don José María Morelos y Pavón y don Miguel Hidalgo y Costilla se conocieron en el Colegio de San Nicolás, en donde Morelos estudió. Ahí el cura Hidalgo fue su maestro.

Antes de ingresar a dicho colegio, Morelos había sido campesino y arriero, y una vez siendo cura mantenía talleres (igual que Hidalgo) y mantenía su negocio de arriería. Muchas veces estuvo en Acapulco para esperar el arribo de la Nao de China y transportar las mercancías que venían de Filipinas en sus recuas. Morelos conocía perfectamente las principales rutas de mercaderías en los actuales estados de Guerrero y Michoacán. Pero sobre todo, sabía de la enorme importancia estratégica que representaba el fuerte de San Diego. Punto militar y mercantil del sur de la Nueva España. Al estallido de la revolución de independencia, Morelos busca a Hidalgo y recibe de él la encomienda de “levantar las tierras del sur”. Morelos obedece e ingresa a la lucha. Uno de sus principales objetivos será tomar la plaza de Acapulco, bastión rico y bien pertrechado de las tropas españolas. Hazaña que le tomará tres años…

El 4 de enero de 1811 Morelos sorprendió a los realistas concentrados en Tres Palos preparando la toma del Aguacatillo (actualmente hay unos puestos de artesanías). Los derrotó completamente y obtuvo un botín superior a los 600 mosquetes, cinco cañones, un mortero, gran cantidad de municiones y los almacenes de víveres de los realistas.

El 7 de febrero de 1811, con 600 hombres marchó de la Sabana hacia Acapulco y tomó el cerro de la Iguana (donde está el parque del mismo nombre), frente al Fuerte de San Diego que estaba armado con ochenta cañones y defendido por las bocas de fuego de los barcos surtos en la bahía. Un oficial de artillería de la fortaleza de San Diego, apellidado Gago, se había comprometido con Morelos a entregarle la fortaleza; la señal convenida era una linterna encendida que debería mostrarse con el puente levadizo. Era una celada. Morelos, al ver la señal se lanzó sobre la fortaleza pero fue recibido por un vivo cañoneo por parte de los defensores del fuerte. En las Siete Esquinas (el famoso bar La Noria) había un puente que libraba el arroyuelo que manaba de las ciénegas que actualmente ocupa el mercado del Parazal (mal llamado Tepito pues el centenario barrio de Tepito estaba en Tenochtitlán), Morelos se tendió en ese puente para evitar que su gente se desperdigara a la playa de los Hornos (las Hamacas) y fuera masacrada por los cañones del fuerte. Actualmente existe un obelisco o columna egipcia en honor a Morelos al final de la calle 5 de mayo esquina con Costera Miguel Alemán. El arroyuelo sigue manando sólo que ahora pasa por debajo de la costera y descarga a la playa debajo del 100% Natural, frente al Narciso de Salmones.

Después de esa derrota Morelos tuvo que replegarse nuevamente al cerro de la Iguana desde donde cañoneó al fuerte durante nueve días hasta que el 19 de febrero el comandante Carreño salió de su parapeto del Fuerte y auxiliado por la artillería de la fortaleza y por los cañones de los barcos recuperó el cerro de la Iguana y gran parte de los cañones que Morelos no pudo llevarse, con excepción de uno (seguramente fue “el Niño”).

Morelos realizó muchas campañas alrededor de Acapulco pero no podía tomar la plaza. Creó la Intendencia de Galeana (Costa Grande) y la puso bajo la protección de la Virgen de Guadalupe y decretó que Acapulco sería reducido a cenizas y pasado el arado sobre sus tierras en castigo a su renuencia a sumarse a la lucha independentista. En los dos años siguientes tomó todo el sur desde el estado de Morelos hasta Oaxaca, pero no había podido doblegar a Acapulco ya su población prohispanista.

Dos años después, el 9 de febrero de 1813, salió de Oaxaca con tres mil hombres. Y no fue sino hasta el 20 de agosto de ese año (siete meses después) que pudo tomar la plaza de Acapulco.

Meses más tarde tendría que abandonarla, y en su retirada, en efecto, inutilizó los cañones, destruyó troneras, envenenó veneros de agua y prendió fuego a la ciudad pero no la destruyó.

La presencia de Don José María Morelos y Pavón en nuestro puerto refleja la tenacidad de un hombre que tenía una idea de país: México, y no cejaba en el intento de unificarlo a toda costa, aunque la población acapulqueña de aquel entonces prefiriera pertenecer a otra nación: el virreinato de la Nueva España.

Las hazañas bélicas de Morelos hicieron que Napoleón Bonaparte exclamara: “Con dos mariscales así, tendría al mundo en un puño”.

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