Gaceta de informacion de actividades culturales de la Ciudad y Puerto de Acapulco Año 3 no.5 - Mayo del 2008

No PARKING PLACE

“Vamos. Puedes contármelo todo.
No nos conocemos: soy de absoluta confianza”
Parking place

Presentación a cargo de Gustavo Martínez Castellanos*

En el momento en el que nos enfrentamos a una obra de una calidad excepcional y de una visión completamente inédita es difícil concebir que una persona tan joven, tan carismática, tan abierta y  tan dinámica sea su autor.

Parking Place nos conecta con una serie de factores humanos muy de nuestro siglo, muy de este milenio: la soledad, la re-flexión, el encontrarse no solamente en los demás, sino en determinadas cosas en determinadas situaciones. El suceso que retrata a un ser humano y se convierte en el detonante para que aquél aflore por un instante y, después, nuevamente la oscuridad y los elementos que lo rodean -y que a la vez lo contextualizan- lo reabsorban y lo liquiden.
Ío y su tábano universal
Teatro de la gruta VII, el libro que presentamos el día de hoy, alberga cuatro obras de cuatro autores. Muy interesantes, recomendables también para el lector común que desea pasar un buen rato o quiera adentrarse a otros universos. Teatro de la gruta VII resume una interrogante que ha signado a una generación que Guillermo León ha llamado de El Apocalipsis, del desastre final o atosigada por la visión de San Juan, a la que pertenece. Las obras aquí reunidas contienen enseñanzas, no desde un ámbito pedagógico sino existencial, como las de quien por primera vez sabe (o conoce) la palabra ácido por el resquemor que le causa en la  piel. Así, arman un episodio que contiene otros episodios de la palabra y de su historia. Una visón de lo que somos o de lo que podríamos ser. Y no nos hemos percatado.
El viajero y su laberinto
En el caso particular del Premio de Narrativa Joven, “Gerardo Mancebo del Castillo”, Parking place del deseo, hay que adentrarse en ella con todo lo que se es (o con lo que para cada quién para sí mismo representa) e intentar acomodarse en su proceso creativo y establecer una cohabitación. Las obras no solamente se leen o se viven; también se pueden hacer como trajes a la medida para transitar por el mundo. Parking place del deseo es una obra que se ajusta a la vivencia del transcurrir de este principio de milenio: su(s) historia(s) son caóticas o laberínticas, y ante todo, invitan a desentrañar el misterio -o el trayecto- para tratar, no de encontrar al minotauro, sino para tratar de hallarnos minotauros perdidos, en un mundo globalizado.
El ser: ese puerto
La historia inicia -gracias a una técnica bien manejada- en el único punto que puede resumir todos los mundos que es el mundo: un aeropuerto; que también puede ser un puerto, una estación de autobuses, la internet, una conferencia vía satélite o cualquier espacio no solamente físico o geográfico sino también mental en donde se den cita una serie de personajes que en ese instante tienen por única misión viajar, dejar de estar en donde están para acceder a otros puntos ya geográficos, ya mentales o emotivos. Desde ahí la obra nos adentra en el mundo frenético de este puente que es todos los puentes y a través del cual nos trasladamos al verdadero puerto al que podemos arribar: la soledad del individuo ante sus circunstancias; ante lo que es, ante lo que cree ser y ante su historia. También ante lo que debiera y lo que podría ser.

La (v)misión contradictoria
“Parking Place”, es un lugar donde se estaciona; un lugar para situarse; sin embargo el Parking Place de Guillermo León es un lugar en el que nadie se sitúa; donde nadie puede estacionarse. Esta supuesta contradicción nos habla de que el verdadero punto en el que debemos estacionarnos no existe. O paradójicamente este Parking Place que tal vez podría ser una cama para descansar, para hacer el amor (o para brincar), para dormir o para ver la tele ¿(y porqué no? una cama de madera húmeda y fresca por siempre), ese punto ese Parking place se nueve, es “rejego”, no se deja pisar, atrapar, noofrece la oportunidad de que el individuoarroje el ancla o

eche raíces en él. Nuestro personaje está en un aeropuerto, luego en un bar, luego en un hotel y después en una cama. Más tarde descubre que esa cama es una cama que años ha tuvo porque la mujer con la que está fue un amor anterior; sin embargo, mientras está con ella sabe que no debía estar con ella porque el avión que debió haber tomado -y que no tuvo el valor de tomar- era su último avión. No era el avión de la muerte: él era la muerte dentro de ese avión. Contradictoriamente, según los cánones de nuestro tiempo, ese avión ya no fue noticia en las pantallas de nuestros televisores. No existe.
No Parking No Place
Guillermo León nos atrapa con la movibilidad de ese espacio que nosotros requerimos humanamente para estar. Parking place también es ancla o hito histórico: es un lugar y ese lugar es, (debió haber sido) para este personaje, las Torres Gemelas del 11 de Septiembre de 2001. Sin embargo, a lo largo de la obra Guillermo nos da a entender que ese dato que es tal vez el único que nos pueda ubicar no es el dato principal o no es el asunto real de su obra sino que también es algo que se mueve. Es sólo una referencia. Así, el Parking place es el lugar no lugar.
A partir de eso podemos establecer, mientras leemos, que posiblemente el lugar del deseo o el lugar de nuestros deseos (tal vez el lugar deseable) podría ser los brazos de una mujer. ¿Pero qué mujer? ¿La que fue nuestra amante o nuestra novia hace muchos años antes de que nos casáramos con otra mujer? ¿O la mujer con la que nos casamos y que abandonamos? ¿O la mujer que encontramos después de que abandonamos a nuestra mujer? y que ya no es aquella que tuvimos antes de habernos casado con la mujer que abandonamos pero no precisamente para volver a estar con esta mujer. Esos brazos femeninos también se mueven: van y vienen; y en esta obra -que es un punto, cruce de caminos (un aeropuerto)- también son una referencia.
Porque otra referencia podría ser el corazón de este hombre que ora ante las cenizas de su madre pero antes de eso va a un sitio en donde puede apreciar sexo en vivo; tal vez en ejercicio hedónico de despedida del mundo, que a fin de cuentas no fue una despedida del mundo porque el protagonista no se murió. (O no se mató). Pero ese corazón también duda. En Parking place -conviene establecerlo-, hay de todo, menos un lugar en donde estacionarse.
El sarcasmo
A Guillermo León le gusta jugar con los planos, con los niveles, con el tiempo. Con las palabras. Su embarazadísima genial nos hace preguntarnos qué tan embarazada puede estar una mujer para que merezca un superlativo: ¿encontrarse en el pináculo de su embarazo y vestida de novia, arrastrando una carreola con un niño dentro mientras está en espera (otra) en un aeropuerto, de un hombre? La escena se acerca peligrosamente al chiste cruel cuando el autor hace que el altoparlante del aeropuerto anuncie que el vuelo se acaba de ir con aquella persona que esta mujer espera. Ahora, la única espera que le queda es la que lleva en el vientre. Que es otro lugar que dejará de serlo cuando la criatura nazca. Como la ciudad que crece pero está vacía. Los aviones incesantes que nunca se percatan de la fragilidad de la vida. Solo vuelan. La protagonista ciega que todo lo ve (soy bruja) y su vientre que es la única (la última, la verdadera) patria. Hay que volver a él. La maestra de literatura que ahora es cantante en un bar.
El temor, la identidad, la religión, lo que somos es una historia sarcástica.

¿Cómo rayos llegué hasta aquí?
Su manejo de la ironía y de la contradicción a veces roza con la poesía. Empero sus metáforas son referentes que mueven a reflexionar cómo podemos arribar al corazón, al erizo que a veces resulta ser una situación en la  vida. Y lo que somos debido a todo eso.
Encontrar todos estos elementos diseminados a lo largo de la obra obliga a intentar entablar un diálogo de la misma magnitud y desde la misma postura con el autor. Un sabor lúdico de espadeo mental y emotivo-filosófico verbal que abarca el lindero de las otras obras del libro. Su “otra” posición no las dimensiona, pero sí establece una distancia  de consumo ante ellas. Y después, la vuelven parametral.

No tie
Por ello consideré que era un poco injusto que en el prólogo de Teatro de la Gruta VII Rodrigo Johnson Celorio declarara un empate entre Parking Place y Killer Queen: sus ámbitos son completamente distintos.
Killer Queen, de Alberto Sosa, es una obra muy intensa, muy localista, muy inteligente y bastante bien pensada con una serie de recursos más narrativos o literario-dramatúrgicos que escénico teatrales. Una de las desventajas de que las obras se publiquen de esa forma es que corren el riesgo de hacernos caer en la cuenta de que existen atmósferas creacionales miméticas que, como la “killer queen”, mientras envenenan, encantan. Es sobrado decir que sabemos que la lectura dista del Teatro.
Esperamos, todos, ver la escenificación. De todas.
Hoy, contamos aquí en Acapulco con la agradable presencia de Guillermo León, autor de Parking Place del Deseo, ganador del Premio de Narrativa Joven, “Gerardo Mancebo del Castillo” y quien nos hablará de su obra y de su experiencia creativa.
Muchas gracias.

Teatro de la Gruta VII. Premio Nacional de Dramaturgia Joven,
Gerardo Mancebo del Castillo. Consejo Nacional para la Cultura
y las Artes. Fondo Editorial Tierra Adentro. México 2007.

* Gustavo Martínez Castellanos
Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM-C. U. Premio Nacional de Novela “Ignacio Manuel Altamirano”; Premio Nacional de Cuento “José Agustín”; Premio  Estatal de Cuento “José Agustín” y “María Luisa Ocampo”. Profesor, escritor y periodista. Director de la revista CulturAcapulco y Director del Área de Literatura de la Promotoría Cultural “Aída Espino”.