Gaceta de Información de Actividades Culturales de la Ciudad y Puerto de Acapulco
Año 3, N°7 - Julio de 2008
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El libro de Liliana Pedroza
Andamos huyendo, Elena: la Ausencia como Hermenéutica
Gustavo Martínez Castellano |
Andamos huyendo, Elena es un libro compatible con otras expresiones estéticas. A mi se me ocurre en su estructura que tiene una enorme semejanza con la Fuga. Si escuchamos cualquiera de los Conciertos de Brandermburgo podemos encontrar que al igual que Bach, Liliana Pedroza desarrolla una serie de temas que va deshilvanando uno a uno a tiempos subsecuentes pero sin que los anteriores desaparezcan del discurso, mantenidos hasta el final por gracia de la elipsis.
Esos temas son “la huída y el exilio” que Liliana plantea como tesis en el análisis conjunto de la obra y de la vida de la escritora mexicana Elena Garro. En este tema que Pedroza presenta como una forma de expresión unívoca habrá una separación ulterior.
De inicio presenta su postura: Elena, la gran tránsfuga. Otro tema es el del padecimiento de los fantasmas.
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Para Liliana Pedroza, en la vida y la narrativa de Garro los fantasmas no nos persiguen, los padecemos. Son una suerte de destino. Una especie de gene que propicia o la desaparición o el autoexterminio, como únicas formas eficaces contra el sometimiento.
La contemplación del Yo en los otros, resulta un hallazgo. Los personajes y la Garro misma -propone Liliana-, requieren de la re-flexión en los otros. No pueden observarse a sí mismos en un ejercicio personal de introspección, requieren de ese parámetro que les indica la presencia de los demás, sin esa presencia, o son personajes perdidos (Garro misma, personaje perdida) o no pueden saberse. La otredad así adquiere nueva dimensión: “los otros me describen, me certifican”.
Después de la otredad, es en el instante de la huída en que Garro y sus personajes se miran a sí mismos y cómo son. Se conocen sólo en ese momento: el de la huída. Después se desvanecen para sí mismos y tal vez para los demás. En ese instante en que se com-prueban y que es el acta oficial de la existencia, son como la luz de un fuego de artificio: conocemos lo que el cartucho trae hasta que explota y después el objeto vuelve a apagarse. Sin huída no hay comprobación. Pero si huir es vida, la vida sólo es ese instante.Otro tema es el las mujeres expatriadas de sí misas o en sí mismas: un exilio interior. No es un ensimismamiento ni una mera estrategia: es una huída para ser. Es una réplica elíptica al poder que intenta atraparlas o someterlas. Ser fuera del área de influencia del poder o del peligro. Poner distancia.
Todas las palabras de Elena Garro para formar este fascinante universo femenino, son significaciones de una existencia propia. Al volverlas discurso, historia narrada, semántica, Garro las vuelve signos y de esa forma, la ausencia viene siendo su hermenéutica.
Los velados rasgos feministas en la narrativa de Garro y los abiertos rasgos rebeldes, la huida y el exilio potencian lo que Pedroza llama “símbolos subyugantes”. Esta taxación que bien podría haber sido un manejo literario de Garro pero también un hallazgo de Liliana Pedroza; son las instituciones en el momento (otro) que intentan aprehender y someter al individuo y que pierden todo su valor social al trasformarse en signos de poder.
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Una de las dos -Garro o Pedroza- (y es posible que ambas) convierten así en símbolos a la familia, al estado, a la iglesia encarnados en un personaje con nexos filiales o políticos con los protagonistas dentro de la historia.
Eso es verificable en el desdoblamiento como deseo u obsesión de Garro al trasformarse en voz narrativa. Y posteriormente en Pedroza que al volver a Garro voz narrativa, la despersonaliza., la borra. La “hace huir”.
“Juegos de espejos” a “juego de espejismos” de artificio mecánico a artificio mental producto de la insolación o de la reflexión de la luz que es un artificio mecánico natural. De la narrativa a su aprehensión última, su explicación: su entendimiento: “lo que procede es intentar apresarlas (a la protagonista y a la narradora en el instante efímero contenido en la palabra”.
Liliana persigue a Elena ¿la alcanzará? O será alcanzada…
Liliana Pedroza sostiene su tesis cuando nos hace entrever |
que en la narrativa de Garro el tema de la fuga inició desde antes de sus “huidas”. Escribió en 1953 Los recuerdos del porvenir (ése título etílico, de resaca de pronóstico pero profético) y en él ya aparecen los rasgos distintivos y el liet motiv de una operística signada por la fuga y proporciona que los acontecimientos históricos que marcaron la vida de Garro son parte de la historia, de la trama y de la obsesión.
Los periplos: Su madre llega de España a Veracruz el 08 de diciembre de 1916. A los tres días llega a Puebla en donde Elena nace. Su infancia transcurre en el D. F., y nueve años después la familia se muda a Iguala, Guerrero. Sin que sepamos, ni que Liliana nos diga, por qué su madre hace ese viaje trasatlántico unos meses antes del alumbramiento.
En 1935 conoce a Octavio Paz. Se supone que vivía en el D. F. En 1937 viajan con la LEAR a España. Ese mismo año escribe Memorias de España. En 1938 regresan a México y permanecen ahí hasta 1945. En 1949 conoce a Bioy Casares en París. En 1953, en Europa, escribe Los Recuerdos del porvenir. Olvida el manuscrito en un baúl en N. Y. En 1960 su hermana Estrellita lo lleva a París. Empieza a escribir en México: “Andarse por las ramas”, “Los pilares de Doña Blanca”, “Un hogar sólido” “Felipe Ángeles” (1956 teatro) En 1959 empiezan a correr los trámites del divorcio con Paz. Entre 1959 y 1963 vive entre N. Y. y París. Y Matarazo no llamó es escrita en 1960 pero publicada hasta 1991. La semana de Colores 11 cuentos y Testimonios sobre Mariana novela fueron escritas en 1964.
Regresa a México. Es burócrata en la Secretaría de la Reforma Agraria pero también es líder campesina que ayuda a los campesinos a tratar de recuperar sus tierras.
1968 participa en el movimiento estudiantil y es amenazada de muerte, inicia un largo exilio de 20 años. Vive en E. U., España y París. Acusada de delatora, el origen de su tragedia es que negó haber tenido tratos con los líderes del Consejo Nacional de Huelga y afirmó que más de 500 intelectuales mexicanos y extranjeros eran los responsables de la agitación estudiantil.
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Su obsesión nace en esta etapa de su vida: “La enfermedad del miedo” taxa al transcribir Pedroza de un texto de Garro. E inicia la huída física
Durante eso 20 años escribe Andamos huyendo, Lola publicada en 1980; Reencuentro de Personajes publicada en 1982; Casa junto al Río publicada en 1982; Inés pub. 1995; Busca mi esquela. Primer amor. Pubs. 1996. El accidente y otros cuentos inéditos Pub. 1997; La vida empieza a las tres. Hoy es jueves. La feria o de noche vienes y Mi hermanita Magdalena publicadas en 1998 a su regreso a México.
Liliana Pedroza toma precisamente de Andamos huyendo, Lola, el título de su trabajo de investigación, como una re-flexión al universo tránsfuga de la Garro que en ese texto retrata la vida miserable que llevaron ella y su hija en Nueva |
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York a donde huyeron después de que el gobierno y una parte de la clase política y de la clase intelectual de México la hostilizaron sin cesar.
En Andamos huyendo, Elena, Liliana Pedraza reconoce que abarcar en su totalidad la personalidad escurridiza de Garro es tarea difícil y que, sin embargo, resulta inútil no dejarse llevar por ese juego en el que “uno la persigue mientras ella sigue huyendo interminablemente”.
Más aún si se hace sólo a través del análisis de su obra.
Empero, sería injusto no reconocer que Elena Garro se asoma al texto de Pedroza como en un instante de sus eternas huidas: para ser, para dejarse atrapar, aprehender, para sonreírnos quizá con esa sonrisa triste de los transterrados. Pero viva, potente y ella misma como siempre lo fue.
Y es quizá en este libro de Pedroza en el que Garro más es, más aún que como personaje de ficción de otros: de Octavio Paz, de Bioy Casares (El sueño de los héroes), de Carlos Fuentes (“Las dos Elenas” –Cantar de Ciegos- y “El prisionero de las lomas”, en Constancia y otras novelas…), de Poniatowska (Paseo de la Reforma Las siete Cabritas).
Porque en Andamos huyendo, Elena, el tema de la huída no es un tema que se refiera sólo a lo físico o lo geográfico, sino también a lo espiritual, a lo mental. Lo onírico. En él constatamos que los personajes se difuminan para ser evocación propia o recuerdo de otros.
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Y para ser visión nuestra en las páginas del libro de Liliana Pedroza que después de desarrollar todos sus temas, como una potente fuga, en el capítulo final termina por construir la catedral que vaticinaba en su ataque y la deja en nuestra manos, como una prueba contundente de que lo efímero también es eterno en la cita de Miryam Moscona: “Y en el reflejo que destella, a lo largo de sus obras literarias, aparece un espejo donde se descubren todas las demás mujeres advirtiendo que -como Raquel, la mujer de Lot- la que vuelve atrás de petrifica.”
Muchas Gracias.
1: Apud, Miryam Moscona, Las Visitantes
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