El qué y el cómo

Astrid Paola

Comunicarse, parte necesaria, herramienta para la interacción, para la integración. El hombre, como ser social, necesitado de réplica, de que sus palabras caigan en suelo fértil, hagan eco; propaguen el pensamiento, el conocimiento, el sentimiento. Nombrar inquietudes que lo han perseguido desde siempre. La comunicación de una idea.
El cuento no es sólo el qué, parte vital es el cómo.
Escribir cuentos es el arte de complicar las simplezas. De simplificar las ideas. La estructura del cuento es un microcosmos. Una perfecta conjunción de ideas entrelazadas.
Un cuento es una herramienta, una llave, una puerta, un túnel del tiempo donde igual se viaja al pasado que al futuro. Sobre sus elementos -gramaticales, sintácticos, semiológicos- tiene alma, si es que así podemos nombrar al trasfondo, la parte vital del cuento.
El alma también dota a cada uno de los personajes de vida. Incluso a los inanimados: un columpio, una caja. Un cuento. Todo toma significado, hasta los más pequeños detalles son cruciales; son elementos vivos, palabras que trascienden en la historia. Que se vuelven la historia misma. Palabra conjugada; acción. Reacción.
Siempre recordaré mi primer cuento, y su dotación de desengaño: siempre son ficción. Aunque lleven fragmentos de verdad entrelazada. Llevan corazón, pero también estómago. Son puente, camino. Destino. Desatino. Y como los caminos, atajos, y  laberintos.
El cuento tiene su origen en la leyenda, según Celina Fournier; es por eso que la cultura lo ha arropado tan bien. Los de occidente somos pueblos de tradiciones orales que con el cuento tomaron forma. La oralidad los homogenizó, los preservó, los transfirió y los volvió reducto de cultura y naturaleza.
El cuento, así, es historia, mito, realidad, un todo subjetivo, y absoluto. En América Latina, el cuento se aclimata y se vuelve uno de los géneros más cultivados. De la narración tradicionalista, cargada de la magia y misticismo que las tradiciones locales le infundieron, hasta nuevas estructuras y contenidos: la realidad. El tiempo cambió, mutó y permutó con esa realidad. En andas, el lenguaje: el qué y el cómo, que nos llevan siempre: el  porqué y el para qué.
Escribir un cuento, es un ejercicio de satisfacción de la necesidad, primero, de decir algo, después, de plasmar en palabras una historia, un lugar, un personaje, una situación, una emoción. Más tarde; de utilizar las palabras para crear y recrear. Tal vez inquietudes, impotencias. Inconformidades. O nuestros ruidos internos. ¿Cómo saberlo?, si en el momento en que contamos un cuento somos su qué y su cómo.

Gaceta de información de actividades culturales de la ciudad y puerto de Acapulco
Director: Gustavo Martínez Castellanos
Año 6 ,  7 de Enero de 2011