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Carlos Alberto Ricárdez Álvarez, nació en Villahermosa Tabasco y aunque no quiso proporcionar sus datos sobre sus estudios elementales no dudamos que los tenga. Tampoco nos ha dicho cuándo llegó a Acapulco para avencindarse en nuestra ciudad pero actualmente cursa la preparatoria en el sistema abierto.
En esta entrevista nos relata su experiencia literaria y su visión de Acapulco.
Empecé a escribir cuando era adolescente por la simple necesidad de expresar los sentimientos esenciales del hombre, pero sólo eran versos dedicados a romances difíciles o imposibles. Luego me enteré de un concurso de cuentos y empecé a escribir con referencia a lo que había leído pero sin una guía, y no pude concretar nada que me agradara. El concurso pasó, y de todos los que me enteré no participé en ninguno. |
Años más tarde conocí a la profesora Aída Espino Barros quien me invitó al taller de narrativa del licenciado Gustavo Martínez Castellanos, y hasta entonces supe que escribir bien no se logra por inspiración divina, es necesario dedicarle mucho tiempo y estudio, es una responsabilidad muy grande si uno quiere escribir más que una historietita de amor o algún cuentito de terror anodino.
Porque la palabra escrita traspasa fronteras, incluso la del tiempo, y si alguien en tierras lejanas en el año 2110, comparte las ideas de lo que haya escrito acerca de mi realidad y las analoga con la suya y su tiempo, mi propósito se habrá cumplido. |
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Mis autores favoritos son Julio Verne, lovecraft, Gorki, Poe, Borges, Conan Doyle, Rulfo, Vicente Leñero, Gogol...
Este taller de narrativa es un espacio en el que he aprendido la verdadera razón del escritor, lejos de la frialdad que un mundo plagado por tendencias exige para subsistir en cualquier ámbito. Ha cambiado la concepción que tenía de muchas cosas, me ha enriquecido culturalmente y me ha obligado a ampliar mis horizontes. Además es muy ameno y siempre distinto, uno se divierte un friego y aprende; la gente que asiste a él está convencida de que su paso por éste no será como un curso de verano infantil para matar el tiempo, es y será un compromiso para con ellas y sus futuros lectores.
Acapulco es una ciudad de contrastes: por un lado están las bellezas naturales que tiene el puerto y que le han merecido fama internacional, clima cálido, aguas pacíficas y la gente que está luchando por mejorarlo, aunque sea poca; y por otro, la viscosidad mal oliente de su zona urbana, la marginación de las colonias populares, la contaminación extrema y la voracidad insaciable de sus gobernantes.
Es difícil pensar en que hace muchos años Acapulco fue el destino mexicano turístico por excelencia y que hoy no es más que la alberca de la capital del país, así surge la pregunta: ¿Dónde quedó todo aquel dinero? La respuesta todos la sabemos, y la recordamos cada temporada turística (que es cada vez peor que la anterior), cada que vamos dando tumbos en los camiones a causa de los baches y cada vez que nos enteramos de las marranadas de nuestros “ilustres” alcaldes.
Aún así, Acapulco es Acapulco. |
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El tratamiento que se le da a la Cultura en Acapulco tiene el nivel de la infamia, el gobierno trata la cultura como un negocio (y caro, por cierto). Por falta de cultura esta ciudad se hunde cada vez más. Nuestros gobernantes se tragan la cultura y la vomitan, vuelven a tragarla y la vomitan, creo que les causa indigestión.´
Mi principal objetivo en este momento es compartir mis ideas con alguien que viva aquí o en Siberia o en el Congo, y que sepa lo que está pasando a mi alrededor y lo que pienso de ello, tal vez allá pasen una situación similar.
La Literatura para mí es la más importante de todas las manifestaciones estéticas porque lleva sobre los hombros la responsabilidad de dejar un testimonio contundente |
respecto a las inquietudes y las necesidades del ser humano.
El escritor es más que ser el representante de lo bueno y lo bello dentro del mundo de las letras, es la oportunidad de ser la conciencia de los inconscientes, de ser el verdugo de quienes están en el poder, de restregarles su inmundicia en la cara, y poder salir un poco tranquilos a la calle.
La postura o meta del escritor encierra una responsabilidad enorme, como la de cualquier artista que conoce el valor de lo que está haciendo. Creo que cuando alguien mira una pintura, una película, una obra teatral o lee una novela, y ésta le provoca emociones fuertes, siente miedo, frustración, alegría o tristeza, el artista logra su máximo objetivo en este aspecto: inquietar. |