Taller de Dramaturgia de Guillermo León

Con motivo de la presentación de su libro en Acapulco, Guillermo León proporcionó un breve curso de dramaturgia a una veintena de alumnos de narrativa y de dramaturgia de algunas escuelas de Acapulco.
Durante ocho horas, divididas en dos partes por un break coffe en el que Aída Espino invitó a los participantes a degustar un refrigerio a base de pizza, tacos, refrescos, café y galletas a granel, Guillermo León condujo a todos los alumnos por los caminos de la dramaturgia hasta culminar en la elaboración de dos pequeñas obras por cada alumno (unas cuarenta en general) de las que reproducimos sólo tres de alumnos del taller de Narrativa (Ari Jonathan, Carlos Ricárdez y Zuilma López) que de los casi veinte participantes con obras de mayor calidad, fueron los únicos que accedieron a publicarlas sin temor a que se las fueran a plagiar (los demás, accedieron a enviarlas sólo después de haberlas registrado -¡!-).
En lugar de narrar con palabras todo el taller (que también se encuentra grabado en video)en CulturAcapulco decidimos publicar las fotos que reproducen los momentos más significativos del taller y en las que nuestros lectores podrán encontrar elementos de juicio para entender porqué en los talleres que organiza Aída Espino, como dice Carlos Ricárdez, los participantes se divierten “un friego” (mucho).
Nuestro agradecimiento a Guillermo León y a Aída Espino.
gmc

Gaceta de informacion de actividades culturales de la Ciudad y Puerto de Acapulco Año 3 no.5 - Mayo del 2008

ÉSTE O ESTE RAÚL

Ari

            Dos hombres se encuentran en una montaña muy lejos de cualquier signo de civilización. Ambos se llaman Raúl. Uno es calvo. El otro está triste.

Raúl triste: ¿Y tú por qué tienes tan poco cabello?
Raúl calvo: ¿Y tú por qué tienes tan pocas ganas de vivir?
Raúl triste: ¡Te vale madre!
Raúl calvo: No menciones esa palabra en mi presencia.
Raúl triste: Madre, madre, madre, madre, madre, madre…
Raúl calvo  (Da un fuerte golpe en la cara del otro): Cállate o te daré más; te golpearé hasta que tus gritos sean escuchados en alguna ciudad.
Raúl triste: Mejor vamos a mi cabaña, tomaremos chocolate caliente y comeremos pan.
Raúl calvo: Puto. Pero está bien. Vayamos que tengo hambre.

            Ahora ellos están en la cabaña de Raúl triste.

Raúl calvo: ¿Puedo servirme otra taza?
Raúl triste: Claro. Pero dime ¿Qué haces en este lugar?
Raúl calvo: Busco sitios lejanísimos donde haya una o dos personas: solas. Después las asesino y guardo sus cabellos en la mochila que traigo. Y tú por qué estás tan triste, se nota que tienes pocas ganas de vivir. Ah, cierto, mi nombre es Raúl.
Raúl triste: Yo también soy Raúl. Y estoy triste porque aún no he nacido.

Abril / 19 / 2008

 
 
 
 

PREJUICIO

Zuilma López Hernández (Shulimuka)

En el zócalo de la ciudad. Amelia toma asiento en uno de las bancas, para descansar un poco después de haber caminado largo rato en busca de un vestido. Fija su vista en alguien de entre la gente.
 Palomo: -¡Oye! ¿Qué me ves?
Amelia:- Disculpa, no quise molestarte.
Palomo:- Puede ser, pero me irrita que todos me vean como un  maldito insecto, como una basura.
Amelia: -Calma,  no he dicho nada, sólo admiro tu valor.
Palomo: -No me vengas con que eres chica buena.
Amelia: -Por  favor, no tomes las cosas así.
Palomo: -Y cómo quieres  que tome las cosas, si nadie me acepta. Además, ¿sabes  qué? ¡Ya me cansaste!  No me mires más.
Amelia: -Perdón, no quiero ser insolente, pero la verdad  soy libre de dirigir mis ojos donde desee.
Palomo: -¿No entiendes que tu mirada me desaira?
Amelia: -Lo siento. Discúlpame, pero te diré  lo mismo. Sólo veo en ti una gran fortaleza y te admiro por  luchar contra la adversidad, contra la sociedad y sus prejuicios.
Palomo: -Tú no sabes nada.  
Amelia: -Perdón… Lo siento, no quise molestarte. Adiós. Gusto en conocerte. Eh… por cierto, tus aretes combinan muy bien con tu atuendo. Bye.
Zuilma López Hernández (Shulimuka)

 
 
 
 

DERROTEROS DE FORTUNA

Carlos Ricárdez

Un joven camina en las calles polvorientas de una colonia popular. El sol abrasador marca en la sombra de su cuerpo la 1:30. Un anciano sentado en la banqueta detiene al joven con un ademán limosnero.
-No jefe, no traigo varo.
-Pues yo acabo de ver que sacaste billetes del cajero.
-Billetes, usted lo ha dicho, monedas no tengo.
-Pues yo prefiero limosnas que se doblen, a limosnas que nomás hagan ruido.
-¿Cuánto quiere?, el dinero no me sobra.
-¿Cuánto tienes?, el dinero a mí me falta.
-Tres mil en billetes de a Sor Juana, son para echar la mano en un orfanato, ellos si lo necesitan, usted ya está al borde del abismo.
-Los tres mil los quiero.
-Y yo con qué me quedo.
-Con los versos que te voy a dar a cambio; alguna vez fui famoso con ellos, y tus tres mil me los gastaba en una sola botella.
-¿Entonces usted es uno de esos poetas a los que la fama les comió los ojos? Vengan pues esos versos, pero le daré tan sólo un billete.
-Quédate con tu miseria, algún día el tiempo me dará más de lo que alguna vez soñaste: la eternidad.

Carlos Ricárdez