Gaceta de Información de Actividades Culturales de la Ciudad y Puerto de Acapulco
Año 3, N°7 - Julio de 2008
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Sobre Andamos huyendo, Elena; de Liliana Pedraza
Ari Johnatan *
Nombrarla es poseerla
pero también es liberarla y liberarse
como si de un mal conjuro se tratara.
Liliana Pedraza |
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En este libro se va como en una galería de espejos que necesariamente reflejan un aspecto de la obra de Elena Garro en otro aspecto también de la obra de Garro. Técnica que denota la uniformidad del tema, y la intención, que es ceñir en no más de ochenta páginas algunos de los motivos que impulsan una operística de escritura: la huida de personajes -casi en su totalidad de género femenino- y la incansable búsqueda de liberarse de un opresor que, por si fuera poco, es inexacto. El escapar constante como un recurso literario.
La obra otorga además una breve incursión en aspectos del ámbito cultural mexicano (y algunas relaciones hispanolatinas) en el siglo XX, hechos marcados aquí desde relaciones amorosas a cuestiones de exilio y/o persecución política hacia sectores intelectuales |
del país. Sobre todo al referirnos a “Su Majestad Elena Primera”, la primera actriz de esta investigación.
Liliana Pedraza nos va soltando palabras que en su globalidad definen la obra de Elena Garro: memoria y testimonio; persecución y yugo a lo femenino; recuerdo, soledad y miedo; angustia y encierro; búsqueda y huida. Palabras o temas que operan en ambientes o espacios opresivos, en un par de espejos que se ven de frente y que reflejan el vacío, la nada.
Hago mención de los espejos porque el texto pone marcas que nos dejan inferir esta condición del reflectar. Lo cual es muy justo a la posible visión de Elena Garro ante su obra o parte de ella, como en Primer amor donde las protagonistas son Bárbara y Bárbara, madre e hija, insinuante metáfora que podríamos entender como lo que es la madre en su pasado y lo que es su hija en su futuro. Juego de tiempo y espacio que se dejó ver desde la primera novela que publicó, Los recuerdos del porvenir, donde, como menciona Pedraza, “de manera increíble no llega a haber más memoria que el futuro”.
Por todo lo dicho no puedo desligar la imagen de un poema de Octavio Paz:
Un charco es mi memoria.
Lodoso espejo: ¿dónde estuve?
(Pasado en Claro, 1975)
Este poema de Paz fue publicado doce años después de Los recuerdos del porvenir, cuya trama se desarrolla en un paisaje que Elena Garro recuerda y añora tal vez: su infancia en Guerrero. El poema de Paz hace alusión también a su infancia, ya que como lo marca su título es la incursión que el poeta hace en las imágenes más significantes, más cargadas, de su vida; donde no puede soslayar su incansable interés por el lenguaje y más allá, las raíces, los nombres y lo nombrado.
La relación matrimonial que hubo entre ambas potencias literarias da por entendida la influencia de la obra del uno en la del otro. |
El ensayo de Pedraza nos pone ante las puertas de la gran casa narrativa que es Elena Garro. Nos invita a pasar y a interpretar las paredes, los rostros. En su mayoría, probables versiones de sí misma debido a la gran exposición de lo femenino y donde los hombres trascurren como espectadores del devenir o del capricho de la mujer, como en el Ixtepec de Recuerdos del porvenir, que nos muestra a Julia como un algo inalcanzable para el general Rosas, poseído por ella, deshumanizado y vuelto títere por la mujer como piedra madre de ese pueblo, sobre la cual yace la conciencia de su colectivo; pero también piedra atmosférica que circula y castiga o daña su mínimo parpadeo.
Pedroza nos muestra además la obra de una narradora prolífica en nuevas técnicas, la búsqueda de lo |
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rompeesquemas, la contracorriente que Garro defendió como quien se libera del yugo de un padre tirano, de un hombre opresor. Ineludible lectura.
Recordemos la primera persona que es el pueblo que cuenta la historia de sus habitantes que en su actuar lo cuentan a él, Ixtepec. Pueblo espejo que se fragmenta para que sus partes se reflejen en la otra, se interpreten y sigan su curso. Pueblo cuya memoria sólo existe en lo que viene, en la siguiente interpretación de su futuro al que por si fuera poco le guarda una añoranza. Pueblo nostálgico de sí.
Este libro de Pedraza también es un todo cuyas palabras principales son bien conocidas: Elena Garro, nombre que bastaría sólo pronunciarlo un par de veces para dar por entendida la fórmula y después decir Ella, o cualquier otra forma del género femenino, ya que la gran autora de Puebla está latente en cada párrafo.
Falta preguntarnos si al igual que Ixtepec se añora a sí mismo, este ensayo es un constante nostálgico de Elena Garro hacia Elena Garro. Donde Pedraza ha fungido como el intermediario o como la materia donde se posó Elena cual conjuro que se posee en cuanto se nombra, pero que también se libera para liberarnos de Ella como si de un mal se tratara.
Ari Johnatan es alumno de los Talleres de Narrativa II, Lectura de Clásicos y Ensayo de la Promotoría Cultural “Aída Espino”
Este es su primer ensayo publicado, mismo que leyó el viernes 27 de junio durante la presentación del libro de Liliana Pedroza |
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