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Gatos, negros

Carlos Ricárdez

La sangre mana de tu piel. Los placeres de la flagelación desgarran tu soledad, te hacen olvidarla. Te llenas de dolor para no sentirlo.
Deja ya, por favor, deja ya de llorar ante ese cristo, tan sólo es un muñeco de resina, no percibe tu dolor porque no tiene alma…aLma…Alma, ¿Qué no comprendes que el evangelio no brota de las manos y los pies clavados en esa cruz de aserrín comprimido? ¿De la pintura roja que simula emerger esa piel ficticia? ¿De esa efigie made in china que simboliza el indulto a los pecados humanos?
Deja ya, por  amor de Dios, deja ya el fustigo de tu condena y retira el cilicio de la pierna izquierda de tu alma…alMa…almA. ¿Acaso crees que el sacrificio de la piel sosiega el sufrimiento del hálito? ¿Que los surcos de tu espalda conducen a la salvación? ¿Que la humedad de tus lágrimas lavará tus yerros? Deja ya, por piedad, deja ya de reprender a esa gata en celo, tan sólo es un animal que sufre el ardor del aislamiento, el mismo que aún sientes tú e intentas aliviar mediante rezos y castigos en esa cruz que te has forjado.
Permite que ella salga por la ventana y retoce un momento, hay siete gatos en el jardín esperándola, vienen de lugares lejanos en respuesta a su clamor, oliendo su soledad, siguiendo la hebra de su ansia que a veces huye por debajo de la puerta. No puedes negarle su naturaleza como con la tuya hiciste; aunque en su pelaje reconozcas el tono intenso de tu pena, ella no guarda luto por nadie.
¿Escuchas el siseo de los machos? Están en disputa por su intimidad, perderán hasta los ojos por poseerla; abre la ventana fingiendo descuido y deja que se vaya, por favor, que se lleve al jardín toda tu aflicción, y si gustas escucha lo que pasa, y recuerda. Recuerda los labios que se unían a los tuyos, recuerda la barba que estremecía tu piel al rozarla, los juegos pícaros que acaloraban tus noches, los suspiros gráciles que te concedías como premio. Recuerda. Deja la ventana abierta y ve a descansar, ella no volverá hasta haber devorado a los siete.
Deja ya, por tu vida, deja ya de rezarle a la nada, tu voz se pierde al derramarse de tu boca, al saltar por la ventana, al mezclarse con los maullidos; simplemente va diluyéndose en la hierba húmeda de sereno, se va fragmentando camino al cielo nocturno, dejando como huella moronas de tu alma…almA…Alma, ¿No crees que en silencio se charla mejor con Dios? ¿Que los gritos destemplados son más propios de posesos? ¿Que hay más santos en tu altar que demonios en la jerarquía del averno?
Cierra ese libro, por favor, cierra ese libro antiguo que nadie te ha explicado por que nadie que conozcas vivo lo entiende, y comienza a interpretarlo desde un plano real antes de volver a abrirlo; arráncale las alas al mito, decapita al Leviatán y a la Hidra, córtale los brazos al Kraken, sólo así podrás comprender.
Comprende esas palabras etéreas de las que siempre te embriagas, que pronuncias con tanto fervor, que incrustas en la pared bajo el crucifijo; para ti no son más que los Vedas Sagrados, y es tiempo ya de saberlas leer, porque el tiempo se te ha caído de las manos, como el cuchillo que cayó envuelto en el furor de tus celos, porque a más de treinta años sigues vistiendo el duelo de tu... Alma.
La pesadilla sisea frente a mí cada vez que intento acercarme cuando duermes, pero esta noche la gata estará ocupada masticando virilidad; no será un desafío su pupila espectral ni ahuyentará de tu oído mi petición desencarnada:
Te perdono, y por favor perdóname, para poder conciliar mi sueño eterno.

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Gaceta de Información de Actividades Culturales de la Ciudad y Puerto de Acapulco
Año 3, N°6 - Junio de 2008