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Gaceta de Información de Actividades Culturales de la Ciudad y Puerto de Acapulco
Año 3, N°4 - Abril de 2008
Ciclo de cine del director coreano Kim Ki-duk
Comentarios: Ex Embajador Alberto Campillo
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Kim Ki-duk

De todos los directores coreanos, sólo Kim Ki-duk es un director de culto en occidente. Sus películas suelen formar parte de la programación de los mejores festivales. Se le considera un director arriesgado y contundente no apto para todos los paladares. Los fimes de este surcoreano de 42 años se caracterizan por contener elevadas dosis de violencia explícita, sexo extraño, aparente misoginia y temerario surrealismo autobiográfico.

Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera

Es su noveno largometraje y se desmarca desde su mismo título de cualquier mal rollo. Está protagonizado por dos monjes budistas, uno es un viejo maestro y el otro, un joven aprendiz; ambos conviven en un pequeño monasterio construido sobre las aguas de un lago, en medio de un entorno natural privilegiado.

La acción se encuentra dividida en cinco capítulos y transcurre en épocas y estaciones distintas. La primera primavera corresponde a la infancia del protagonista; el verano, a la adolescencia; el otoño, a la mayoría de edad; el invierno, a la madurez, y la segunda primavera se corresponde con la vejez. Se trata de un ciclo completo que finaliza exactamente igual que empieza.

Por amor o por deseo

Dos chicas adolescentes viven en un primer tiempo una fuerte complicidad afectiva y comparten el sueño de viajar a Europa. Para alcanzar su objetivo una de ellas, Jae-Young, decide prostituirse, mientras su amiga Yeo-Jin procura los contactos y administra las ganancias. Luego de la desaparición fatal de la primera, Yeo-Jin se dedica en un segundo tiempo a aligerar su propia culpa acostándose con los viejos clientes de Jae-Young y restituyéndoles el dinero que alguna vez pagaron a la amiga desaparecida. Entre este segundo tiempo (Samaria) y el tercero (Sonata), Kim Ki-duk precisa la figura de un padre/policía vengador, católico ferviente, consciente en secreto de las actividades de su hija, y brutal justiciero antipedófilo (diente por diente).

El Espíritu de la pasión

Tae-suk (Jae Hee), un indigente, lleva una vida espectral. Ocupa temporalmente viviendas cuyos habitantes sabe que están ausentes. Nunca roba ni ocasiona daños en los hogares de sus involuntarios anfitriones.
En realidad, es una especie de fantasma que duerme en camas ajenas, come algo de las neveras de esos extraños y retribuye su forzada hospitalidad haciendo la colada o arreglando alguna que otra avería doméstica.

Sunhwa (Lee Seung-yeon), que en otros tiempos fue una hermosa modelo, se ha visto convertida en una sombra viviente por un marido que la maltrata, encerrándola en una casa ostentosa.

El destino cruza los caminos de Tae-suk y Sun-hwa, aunque sus existencias están abocadas a no dejar huella en el mundo.

El arco

Un viejo pescador (Jeon Sung-hwan) vive en medio del mar con una muchacha (Han Yeo-reum) a la que recogió cuando era niña. El vie-jo pescador espera que ella cumpla 17 años para desposarla. Mientras tanto, prepara la do-te, la protege contra los hombres que vienen a pescar a su barco e intentan propasarse con ella. Su única forma de protegerla es dis-parando con el arco, un arco que también le sirve para adivinar el futuro y como instrumento musical. Un buen día, un grupo de pes-cadores desconocidos sube al barco, entre los que se encuentra un joven universitario (Seo Ji-seok). El chico y la muchacha se ena-moran. El viejo pescador sabe que su sueño ha llegado